El reloj marcó las 8 del viernes y la provincia de Corrientes entró de lleno en la veda electoral. Las calles, en las que hasta la noche del jueves resonaban por los actos de cierre de campaña, decoradas con carteles y pasacalles de los distintos partidos y frentes que competirán este domingo 31 por la Gobernación, intendencias, diputaciones y senadurías, se han quedado en un silencio inusual.
Sin embargo, el bullicio de la política se trasladó a otro espacio, uno que la ley electoral aún no ha sabido regular: el mundo digital de las redes sociales.
“NO SE PUEDE”, TAL VEZ SÍ
La veda, una medida que busca garantizar un espacio de reflexión para el electorado antes de depositar su voto, establece prohibiciones claras.
La difusión de encuestas, la realización de actos proselitistas y la publicación de información que beneficie a una fuerza política están terminantemente prohibidas bajo el amparo de la ley. Sin embargo, esta normativa, redactada en tiempos predigitales, no contempla plataformas como X (antes Twitter), Facebook, Instagram o TikTok.
SIN LEGISLACIÓN ESPECÍFICA
Este vacío legal ha sido reconocido a EL LIBERTADOR por el propio presidente de la Junta Electoral provincial, Gustavo Sánchez Mariño: “No hay legislación específica sobre redes sociales. Entiendo que se aplica la legislación general y la ley electoral”, comentó para exponer el limbo vigente en un escenario que se volvió propicio para la politiquería que, en tiempos de campaña, y más incluso en veda, se torna un terreno apto para la “guerra de guerrillas”.
Este “hueco normativo” es aprovechado con astucia por las distintas fuerzas políticas que, lejos de acatar el espíritu de la veda, han trasladado la contienda a la virtualidad. Las publicaciones, que se disfrazan de informativos o de mensajes de concienciación, son en realidad un último intento por captar a los votantes indecisos.
El debate invisible
La ausencia de regulación sobre la publicidad electoral en redes sociales genera un debate sobre la equidad. Mientras que los partidos con mayores recursos pueden invertir en campañas digitales sofisticadas y segmentadas, aquellos con menos presupuesto se encuentran en desventaja. Esto abre un interrogante: ¿están las reglas del juego diseñadas para que todos los competidores partan del mismo punto?
Las cuentas oficiales de los candidatos se han transformado en un escaparate de logros y propuestas, sin mencionar explícitamente el pedido de voto. El uso de hashtags, la difusión de videos de campaña, explicativos sobre cómo votar y la organización de transmisiones en vivo se han vuelto la norma.
La dinámica es sutil, pero efectiva: se comparte contenido que posiciona al candidato en un lugar favorable, se resalta la «gestión» y se apela a las emociones del votante.
Mientras que, en las calles, los militantes bajan los decibeles (repartiendo solapadamente bolsas con mercaderías), en las redes sociales la campaña sigue más viva que nunca. Los usuarios se convierten en los nuevos difusores de la información partidaria, compartiendo, reaccionando y comentando las publicaciones de sus candidatos favoritos.
Un clic, un «me gusta» o un «compartir» se transforma en un acto de proselitismo que la ley no puede sancionar.
A la espera de una actualización
La ley electoral argentina no ha logrado adaptarse a los nuevos tiempos. La necesidad de una actualización que contemple la influencia de las redes sociales en el proceso democrático es evidente. Expertos en Derecho Electoral y en comunicación política señalan que es urgente un debate que regule este tipo de plataformas, con el objetivo de garantizar una veda electoral más equitativa y transparente.
Este escenario, en el que la campaña se esconde a plena vista en un entorno digital que la ley no alcanza a regular, plantea un desafío para la democracia. Mientras la veda busca generar un ambiente de calma y reflexión, la constante exposición a la información partidaria en las redes sociales la transforma en una tregua a medias, en la que la contienda sigue su curso de forma invisible pero constante. La verdadera veda, en un mundo hiperconectado, parece ser una utopía.