El tercer domingo de noviembre, por una declaración de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se conmemora a escala mundial el Día del Recuerdo de las Víctimas del Tránsito, motivo por el cual, el Gobierno de la Provincia el viernes anterior entregó en la Casa de Gobierno distinciones a las instituciones que trabajan por la seguridad vial. En tanto, en la Catedral de Goya, celebraron una misa el mismo domingo, en la que participaron las familias que integran el movimiento Estrellas Amarillas, ceremonia que se convirtió en un faro de esperanza y en una urgente llamada a la responsabilidad.
La celebración, que presidió el párroco de la Catedral, padre Ariel Giménez, contó con la sentida participación de miembros del movimiento mencionado, cuya referente es Viviana Canaparro, en la que elevaron la oración en un sufragio por las almas de quienes perdieron la vida en siniestros viales.
El propósito central fue, además de la oración, concientizar a los fieles sobre el valor supremo de la vida y la necesidad imperiosa de modificar conductas al conducir, haciéndose eco de la convocatoria del obispo de la Diócesis, monseñor Adolfo Canecín, quien había pedido a sus sacerdotes celebrar misas en sufragio y reflexionar sobre el compromiso con la vida en el tránsito.
El padre Giménez, en la homilía se centró en la perseverancia y la esperanza: «Hoy el Señor nos quiere hacer mirar hacia adelante para animarnos en la perseverancia y que las dificultades, los mal gustos o los problemas, los dolores no nos desanimen. Jesús nos anima a perseverar en la lucha de todos los días».
Dirigiéndose a las familias en duelo, el párroco enfatizó en la necesidad de sanar y perseverar, recordando que, a pesar de los dolores y fatigas del camino, Jesús enseña que «al final tenemos la victoria y la felicidad».
La Iglesia insiste en que, acciones como el exceso de velocidad, la conducción bajo los efectos del alcohol, o la omisión del uso de elementos de seguridad, como cascos y cinturones, son «conductas contrarias a la ética y al respeto a la vida, tanto ajena como propia».
PROCESIÓN
DE LA LUZ
En un acto de profunda piedad y emoción, el sacerdote bendijo y rezó un responso ante las fotografías de las víctimas de tragedias viales, que culminó con la bendición final.
Seguidamente, convocó a un niño para encender la primera luz, una pequeña vela cuya llama se propagó entre los demás fieles. Con esa luz, símbolo de la fe y la memoria eterna, iniciaron una procesión silenciosa hasta la plaza Mitre, como testimonio público de que las víctimas «ya gozan de la plenitud del encuentro con Jesús», al que aspira todo creyente en diversas circunstancias.
En todo el país pueden visibilizarse Estrellas Amarillas pintadas en el asfalto, como una forma de alertar que en esos lugares hubo siniestros viales fatales. Con el lema De vos depende no sumar una estrella más al Cielo, hoy es una señal destacada de tránsito en caminos nacionales e internacionales.
