miércoles, enero 21, 2026

La callecita que no debe perderse

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La callecita que no debe perderse

Mircoles, 21 de enero de 2026

Podra hablar de estilos, de fusiones extraas que a unos gusta y a otros escandaliza, eso es algo que si o si tambin debatiremos como se debe.

Pero hay un lugar en el mundo.
Un punto exacto.
Un nexo invisible pero poderoso que une lo ms hondo, lo ms apasionado, lo ms querido de nuestro sentir chamamecero, correntino, pueblo.

Ese lugar es el Anfiteatro Mario del Trnsito Cocomarola.
Un espacio que muchas veces fue querido modificar, cambiar, transformar.
Y que, por una razn u otra o por la fuerza misma de su magia, de su pay nunca pudo ser arrancado de lo que es.
Aun as, pequeas partes de su cuerpo han ido desapareciendo.
En lo fsico, la ermita de la Virgen ya no est. Se fue. Rpida. Silenciosa.
Y eso duele.
Porque el chamam no es solo msica.

El chamam es canto, danza, rezo, encuentro, enchamigada.
Es modo de ser y de estar.
No somos sin nuestra msica, sin ese abrazo colectivo que nos junta, nos iguala y nos nombra.
Y esto no es solo una mirada romntica o nostlgica.

As lo establece el postulado por el cual el chamam fue reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO:
para ser patrimonio, una expresin cultural debe estar viva en su comunidad, practicada, compartida, transmitida de generacin en generacin, sostenida en los vnculos humanos y en los espacios donde esos vnculos se dan de manera natural.

El chamam no vive nicamente en un escenario ni en un programa oficial.
Vive en el abrazo, en la charla, en el encuentro espontneo, en la circulacin libre de quienes lo hacen posible.

Una cosa es aceptar con la tristeza inevitable que nuestros grandes artistas, como todo ser humano, pasen por este mundo y nos dejen sus obras, su legado, su trayectoria hecha de guitarras y acordeones.
Otra muy distinta es borrar la memoria del pueblo.
Esa memoria que no debe morir nunca.
Y en el corazn de esa memoria hay un punto todava ms central.
Un espacio nico, insustituible, indispensable.
Un lugar que no figura en los programas oficiales, pero vive en el alma de todos.

La callecita.
As la llamamos, con cario, casi como se nombra a un pariente cercano.
Ese espacio fsico, a la izquierda del escenario mayor, donde se hacen las tranmisiones, las notas de entrevistas tan esperadas, circulan periodistas, artistas, difusores, amigos.
Donde en algn tiempo y con menos restricciones era posible el abrazo interminable.
Donde los hijos y los nietos corran entre instrumentos, llevndose para sus aos de infancia y adolescencia recuerdos irrepetibles: sonidos, risas, comidas compartidas, charlas al pasar, lgrimas por los que ya no estn.

En la callecita se hizo historia con manos que se tomaban.
Con discos que se intercambiaban.
Con cassettes, con CDs, alguna vez.
Con frases dichas al odo:
Yo escrib una letra le quers poner tu msica?
Por esa callecita caminaron los ms grandes de nuestra msica.
En esos eneros que ya sabemos cmo son.
Con sus pilchas gauchas bordadas, las botas resonando con orgullo.
Los bailarines con sus atuendos coloridos, celebrando su juventud y la alegra desbordante de ser parte de algo inmenso.
Las presentaciones grupales que hicieron historia sobre las tablas del escenario Osvaldo Sosa Cordero.

Hoy la callecita sigue ah.
Guarda esos pasos.
Pero no es lo mismo.
Hoy los artistas apenas pueden pasar, y solo el da de su actuacin.
En la entrada, el discurso es que solo las autoridades pueden circular.
Ya no se permite transitar amorosamente esa calle de enchamigadas.
Y se extraa.
Se extraa mucho.
Se extraan las charlas largas, los encuentros casuales que nunca eran casuales.

Las miradas cmplices.
El intercambio de novedades.
La sensacin de pertenecer, no a un evento, sino a una comunidad viva.
(No te pierdas, callecita. No te pierdas!…)
Porque todava andan por ah aunque no los veamossi entrecerramos los ojos todava podemos verlos, escuchar sus saludos, sus risas, son tantos los que quisiramos nombrar!….
Andan por ah porque nunca se fueron del todo.

Porque habitan los lugares donde el pueblo se encuentra de verdad.
Cuidar la callecita no es una cuestin de organizacin.
Es una decisin cultural.
Es elegir memoria.
Es elegir identidad.
Porque cuando un patrimonio deja de vivirse en su comunidad, deja de ser patrimonio y se vuelve postal.

Y el chamam nuestro chamam no naci para ser vitrina.
Podrn cambiar nombres, discursos, escenografas.
Pero si se pierde la callecita, no se pierde un pasillo:
se pierde el pulso humano del chamam.
Y un pueblo sin pulso
deja de latir.

Silvia Muoz Velcheff
Presidente de Fundacion Chamam
Editora de las Revistas Chamame
(19 aos de publicaciones chamameceras que van gratis a escuelas, programas, bibliotecas, nios jvenes y ancianos, familias, msicos, pueblo que ama lo nuestro)

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