Puerto Madryn no es solo un destino para experiencias naturales como snorkel con lobos marinos o avistamiento de ballenas. Su historia de fusión cultural galesa y tehuelche, su crecimiento poblacional y su oferta gastronómica la convierten en un polo de atracción para quienes buscan establecerse en la Patagonia.
Puerto Madryn rodea el Golfo Nuevo con sus brazos de tierra mientras el sol sale lentamente. Un grupo de hombres y mujeres, con trajes de neopreno, se prepara para nadar con lobos marinos. La ciudad, sin embargo, es mucho más que una excusa para vivir experiencias naturales. Desde el snorkel en Punta Loma hasta el astroturismo en la Estancia San Guillermo, pasando por el avistamiento de ballenas, orcas y delfines en Península Valdés, la oferta es variada. Pero Puerto Madryn también es una ciudad que nació de una fusión cultural extraordinaria y que hoy atrae a jóvenes y no tan jóvenes que quieren establecerse definitivamente, como lo demuestra el crecimiento exponencial de su población.
Para conocer el lado B de la ciudad, se recomienda recorrer su amplia costa y degustar las delicias gastronómicas, con los camarones como protagonistas. La ciudad se divide en dos mitades: norte y sur, tomando como eje la intersección de las avenidas Gales y Roca. Al sur se encuentra la zona residencial; al norte, el camino que conduce a Península Valdés. La guía turística Adriana Chao explicó que el antiguo muelle, hoy turístico, recibió el último crucero de la temporada el 1 de abril. En la zona norte se ven casas más sencillas, de los primeros habitantes dedicados a la crianza de ovejas para lana Merino. Allí se encuentra el monumento a la hazaña galesa, que representa a una mujer de espaldas al mar, y a pocos metros, la playa donde se realizan actividades sociales como la Fiesta Nacional del Cordero.
En la zona costera se encuentra el Museo del Hombre y el Mar, también conocido como Chalet Pujol, donado por un empresario catalano-español. La historia de la ciudad se remonta al 28 de julio de 1865, cuando 153 galeses desembarcaron y caminaron 100 kilómetros para fundar la primera colonia. El nombre de la ciudad proviene del último Barón de Madryn, Sir Love Jones-Parry. Con la llegada de los trabajadores del ferrocarril y posteriormente la planta de Aluar (Aluminio Argentino), la más grande de Sudamérica, Puerto Madryn experimentó un crecimiento sostenido. Hoy, el sur de la ciudad es la zona más cotizada, mientras que el norte comienza a urbanizarse.
