Entre alquileres, inflación y salarios que pierden poder adquisitivo, cada vez más trabajadores rosarinos combinan empleos, changas y emprendimientos para sostener sus gastos mensuales.
Entre alquileres, inflación y salarios que pierden poder adquisitivo, cada vez más trabajadores rosarinos combinan empleos, changas y emprendimientos para sostener sus gastos mensuales. «Tengo mi trabajo fijo, pero además vendo productos o realizo servicios para llegar a fin de mes». La frase se repitió, con distintas variantes, durante una recorrida por las calles de Rosario. Lejos de tratarse de casos aislados, el pluriempleo aparece cada vez más como una estrategia de supervivencia económica frente al aumento del costo de vida y la pérdida de poder adquisitivo.
Profesionales, estudiantes, trabajadores independientes y empleados formales coinciden en algo: un solo ingreso muchas veces ya no alcanza. Tener más de un trabajo ahora no aparece únicamente como una decisión personal o una búsqueda de crecimiento económico. En muchos casos, surge como respuesta a una dificultad concreta: cubrir gastos básicos como alquiler, servicios, alimentos o transporte.
En las entrevistas realizadas en distintos puntos de la ciudad, muchas personas describieron que su realidad laboral «se ha complejizado». Desde tener que salir a la búsqueda de un nuevo empleo hasta tener que volver a vivir con sus padres.
El fenómeno atraviesa distintas edades y sectores laborales. Una de las cuestiones que más se repitió fue que incluso personas con formación profesional o empleo formal necesitan complementar ingresos mediante emprendimientos, trabajos freelance, ventas por redes sociales o actividades paralelas.
En los jóvenes está naturalizado
Entre los más jóvenes, además, tener múltiples ingresos parece haberse incorporado como una condición habitual del mundo laboral actual. Estudiar, trabajar y sostener proyectos simultáneamente ya no aparece como una excepción, sino como una necesidad para proyectarse económicamente o alcanzar cierta estabilidad.
La brecha entre los trabajos tradicionales y los nuevos perfiles digitales
Durante las entrevistas también apareció una percepción repetida: no todos los sectores laborales ofrecen hoy las mismas posibilidades de crecimiento económico o estabilidad. Mientras muchos trabajadores vinculados a áreas históricamente fundamentales —como la educación, la ciencia, la cultura o incluso algunos servicios profesionales tradicionales— describen dificultades para sostener ingresos suficientes, rubros asociados a la digitalización parecen concentrar mayores oportunidades laborales y salariales.
Profesiones ligadas a la programación, ingeniería en sistemas o trabajos remotos vinculados a empresas del exterior aparecen frecuentemente asociadas a mejores perspectivas económicas, salarios en moneda extranjera o mayor capacidad de gestión del tiempo. La diferencia no necesariamente implica que esos trabajos sean «más importantes», sino que el mercado laboral actual parece valorar de manera desigual distintas actividades en función de las nuevas demandas tecnológicas y productivas.
Un desajuste en términos de la importancia social
En ese contexto, crece una sensación de contraste: sectores esenciales para el funcionamiento social, como la educación o la investigación científica, muchas veces enfrentan salarios deteriorados e inestabilidad, mientras los perfiles vinculados a la economía digital ganan protagonismo y competitividad dentro del mercado laboral contemporáneo. Esa desigualdad entre sectores también ayuda a explicar por qué muchos trabajadores necesitan complementar ingresos, aun teniendo empleos formales o formación profesional.
La posibilidad de vivir de un único trabajo parece depender cada vez más del rubro en el que se desempeña cada persona, pero también de las posibilidades reales de acceso e inserción a determinadas formaciones y perfiles laborales.
La brecha de formación y las desiguales posibilidades
En un mercado cada vez más orientado hacia habilidades tecnológicas y digitales, no todas las personas cuentan con las mismas oportunidades de capacitación, conectividad, tiempo o recursos para reconvertirse laboralmente. Así, la brecha no solo aparece entre distintos trabajos, sino también entre quienes pueden acceder a esas nuevas oportunidades y quienes quedan relegados de ellas.
Las entrevistas realizadas en Rosario dejaron algo en evidencia: para muchos trabajadores, el problema ya no pasa únicamente por conseguir empleo, sino por lograr que ese trabajo alcance para sumar un ingreso medio. En una ciudad donde cada vez más personas suman changas, emprendimientos o segundos empleos para sostenerse, el pluriempleo comienza a consolidarse no como una elección, sino como parte de una nueva realidad laboral.
