La remodelación de la plaza de la Cooperación y el hallazgo de los sótanos del antiguo Mercado Norte reavivaron la memoria de los grandes mercados de Rosario. De todos ellos, El Porvenir, en barrio Refinería, permanece en pie y conserva gran parte de su estructura original.
La remodelación de la plaza de la Cooperación y el hallazgo de los sótanos del antiguo Mercado Norte, en Mitre y Tucumán, trajeron al presente la historia de otros edificios desaparecidos, como el Mercado Central, el Abasto y el Urquiza. Entre ellos, El Porvenir, ubicado en barrio Refinería, sigue en pie y conserva gran parte de su estructura original, aunque con otros usos.
El Porvenir se inauguró en octubre de 1911, en casi media manzana delimitada por Avellaneda, French, Grondona y Carcarañá. Según Eduardo Guia Brida, profesor de historia y divulgador de la memoria local, “es el último de los grandes mercados que empezaron a abrirse en distintas zonas de la ciudad. El primero fue el Sud, que se abrió en 1854 en la plaza Montenegro, y después se llamó Mercado Central; pero hubo otros en los barrios como el Urquiza, en 1º de Mayo y Mendoza, o el Abasto, de Mitre y Pasco”.
El mercado fue diseñado para abastecer de productos de consumo cotidiano a la población de la zona norte de Rosario. A diferencia de otros, su arquitectura facilitaba el recorrido: los puestos se ubicaban sobre el perímetro del edificio, con pocas columnas y pasillos más anchos. El techo de chapa contaba con un lucernario que aseguraba buena iluminación durante gran parte del día.
Ese tragaluz, las columnas de hierro y los techos con distintas pendientes aún se aprecian en el edificio, que actualmente aloja un estacionamiento y varios locales comerciales. En el frente se lee la fecha de inauguración: 1911.
Guia Brida explicó que los mercados pueden considerarse antepasados de los supermercados. “Allí se podía comprar carnes de todo tipo. En algún momento hasta se podían encontrar pollos o cerdos vivos. También todo tipo de verduras y frutas o productos como azúcar, yerba, arroz o fideos que se exhibían en grandes bolsas o cajas y se vendían sueltos. Lo mismo que el aceite, el vinagre o el vino”.
La producción provenía de quintas que rodeaban la ciudad. Los alimentos llegaban en carros tirados por caballos o bueyes. Con el tiempo se sumaron servicios como zinguerías, cerrajerías y puestos de compra y venta de oro.
Gran parte de los puestos de El Porvenir pertenecían a Agustín Mazza, empresario ganadero e intendente de Rosario entre el 21 de diciembre de 1889 y el 6 de agosto de 1890. Mazza tenía su casa quinta en el predio que hoy ocupa la Usina Sorrento. Se lo recuerda por haber traído de Italia los leones que adornan el ingreso del Palacio Municipal.
Las condiciones de salubridad y el cambio de costumbres marcaron el final de los grandes mercados. “El tema de la falta de higiene marcó el cierre del Mercado Central en el 62. El Porvenir continuó hasta 1970, cuando en el barrio empezaron a aparecer los almacenes y la gente se acostumbró a hacer las compras más cerca de su casa. Además, tenían el beneficio de vender a crédito, a través de la libreta”, recordó el historiador.
En 1910, Rosario realizaba su tercer censo municipal, con una población de 192.278 habitantes, un aumento del 70% respecto del censo anterior. Darío Jiménez, doctor en arquitectura y profesor de Historia de la Arquitectura de la Universidad Nacional de Rosario, señaló que la zona del mercado era un territorio marginal por su ubicación detrás de las vías y la cercanía al arroyo Ludueña, con suelos inundables. No obstante, hacia 1910, esa zona se consolidó como la de mayor concentración industrial de la ciudad, por la presencia de la Refinería de Azúcar, los talleres del ferrocarril y el puerto.
La apertura del mercado expresó la conjunción de esos factores: la posibilidad de un inversor de conseguir un terreno grande para instalar un lugar de provisión de alimentos para los obreros, muchos de ellos inmigrantes, que poblaban el lugar. El viejo edificio de El Porvenir fue testigo de esa época.
