El director de la Oficina Regional para las Américas de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Julián Báez Benítez, informó que el fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose y podría alcanzar una intensidad extraordinaria hacia fines de 2026, con lluvias superiores a las normales en Santa Fe y la región.
El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico y podría alcanzar una intensidad extraordinaria hacia fines de 2026. Así lo advirtió Julián Báez Benítez, director de la Oficina Regional para las Américas de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), quien confirmó que los pronósticos internacionales no muestran señales de un debilitamiento inmediato y anticipan condiciones favorables para un período de lluvias superiores a las habituales en el sudeste de Sudamérica.
La advertencia alcanza a Santa Fe, junto con otras provincias argentinas, el sur de Brasil y sectores de Paraguay. Según las proyecciones, las precipitaciones podrían mantenerse por encima de los valores normales durante el verano y extenderse hasta comienzos del otoño de 2027, con consecuencias potenciales para las cuencas de los grandes ríos y los sistemas urbanos de drenaje.
“Todos los pronósticos que tenemos de los centros globales de predicción de clima hablan de un evento muy fuerte ya en la actualidad”, afirmó Báez Benítez desde Asunción del Paraguay, en diálogo con El Litoral. Y agregó que, si continúa la tendencia de aumento de las temperaturas del océano, El Niño “puede llegar a un nivel extraordinario inclusive”.
Las advertencias se conocieron después de la publicación de un nuevo informe de la OMM, difundido este jueves 8 de octubre, que confirmó el fortalecimiento del fenómeno y advirtió que las temperaturas superficiales del Pacífico tropical podrían alcanzar valores excepcionales durante el último trimestre de 2026.
Un calentamiento que podría superar el récord de 2015-16
El informe de la OMM señala que el calentamiento del Pacífico central y oriental continuará durante octubre, noviembre y diciembre. Uno de los indicadores utilizados para seguir la evolución del fenómeno es el índice Niño 3.4, que mide las anomalías de la temperatura superficial del mar en una región central del océano Pacífico.
De acuerdo con los datos consignados en las proyecciones, la anomalía pasó de un promedio de 1,6 °C por encima de lo normal en junio a 2,5 °C en agosto. Para el trimestre octubre-diciembre, los modelos prevén que podría aproximarse a los 3,7 °C, con un máximo probable en diciembre. Si se concreta esa evolución, el valor superaría el registrado durante el episodio de El Niño de 2015-2016.
“Se espera un máximo de intensificación de estas anomalías de temperatura”, explicó el especialista. Según detalló, el fenómeno está consolidado tanto por las temperaturas oceánicas superiores a las normales como por las señales atmosféricas que acompañan esta fase climática.
La OMM construye sus perspectivas a partir de los pronósticos de distintos centros internacionales de predicción climática, entre ellos organismos de Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Alemania, Australia, Canadá y Brasil. La síntesis permite identificar tendencias globales y regionales, aunque no determina con exactitud cuánto lloverá en una ciudad o qué altura alcanzará un río en una fecha específica.
Lluvias persistentes en la cuenca del Paraná
El escenario de atención no se limita a las previsiones para los próximos meses. Según Báez Benítez, durante las últimas semanas ya se registraron precipitaciones importantes en la cuenca del Paraná, en algunos de sus afluentes —como el río Iguazú— y en el sur de Paraguay. “Desde principios de septiembre, inclusive, estamos teniendo bastante precipitación en esa región y se está intensificando en estos primeros días de octubre”, señaló.
El especialista advirtió que la persistencia de esas lluvias puede traducirse en un incremento de los caudales de los grandes ríos durante el último trimestre del año. “Este conjunto de aumento de precipitación, en la medida que vaya sosteniéndose con el tiempo, va a generar un aumento en los niveles del río Paraná y también del río Paraguay”, explicó.
La evolución de los niveles fluviales será una de las variables centrales para evaluar los riesgos en las zonas ribereñas. No obstante, la magnitud de una eventual crecida dependerá de las lluvias acumuladas en las distintas subcuencas, los aportes de los afluentes y las condiciones hidrológicas que se registren durante los próximos meses.
Los modelos climáticos más recientes muestran una elevada probabilidad de precipitaciones superiores a las normales en buena parte del sudeste sudamericano, incluida Santa Fe. El pronóstico abarca distintos períodos trimestrales entre fines de 2026 y los primeros meses de 2027. “Yo diría que no hay que bajar la guardia en cuanto a los potenciales impactos de El Niño en esta región”, remarcó Báez Benítez.
Santa Fe, entre los ríos y las zonas bajas
La configuración geográfica de la ciudad de Santa Fe vuelve especialmente relevante el seguimiento de las condiciones meteorológicas e hidrológicas. La capital provincial se encuentra en una planicie aluvial, entre los valles de inundación de los ríos Paraná y Salado, en un entorno de lagunas, riachos, bañados y otros ambientes asociados al sistema fluvial.
Esta relación con el agua es parte de la identidad natural de la ciudad, pero también representa un desafío para la planificación urbana y la prevención de inundaciones. La presencia de sectores bajos y áreas próximas a los cursos de agua hace que los excesos hídricos puedan manifestarse de diferentes maneras, según la intensidad de las lluvias, su duración y el comportamiento de los ríos.
Un primer riesgo está asociado con las precipitaciones intensas sobre el área urbana. Cuando llueve mucho en poco tiempo, los desagües pueden verse exigidos y producirse anegamientos temporarios en calles y sectores bajos. La situación puede agravarse si los suelos están saturados por lluvias anteriores o si las precipitaciones persisten durante varios días.
Un segundo escenario está vinculado con las crecidas fluviales. Las lluvias acumuladas en las cuencas del Paraná y del Salado pueden elevar los niveles de esos cursos de agua y comprometer a poblaciones ribereñas, sectores insulares y áreas expuestas a las inundaciones. En esos casos, las defensas, las estaciones de bombeo y el mantenimiento de los canales y desagües cumplen un papel fundamental para reducir los riesgos.
Se trata de procesos relacionados, pero diferentes. Una tormenta intensa sobre la ciudad y el área metropolitana no implica necesariamente una crecida extraordinaria de los ríos, del mismo modo que una suba del Paraná no significa que toda la capital provincial vaya a inundarse. Por eso, las tendencias climáticas estacionales deben complementarse con pronósticos meteorológicos de corto plazo y con el monitoreo permanente de los niveles hidrométricos.
El fenómeno podría prolongarse hasta marzo o abril
La OMM no prevé un debilitamiento inmediato de El Niño. De acuerdo con Báez Benítez, las proyecciones indican que el fenómeno podría alcanzar su punto máximo entre diciembre de 2026 y enero de 2027, para comenzar a perder intensidad a partir de febrero. “No hay predicciones de debilitamiento en el corto plazo”, sostuvo el director regional.
La evolución posterior dependerá de la velocidad con que desciendan las anomalías de temperatura del Pacífico. Si la disminución es acelerada, podrían restablecerse condiciones neutrales o incluso producirse una transición hacia La Niña. “Si las condiciones se mantienen como están hasta ahora, podríamos esperar fácilmente tener el evento El Niño hasta marzo o abril del próximo año”, explicó Báez Benítez.
El especialista aclaró que las previsiones a seis meses presentan mayores incertidumbres que las correspondientes a períodos más cortos. Por eso, el escenario de lluvias excedentes debe interpretarse como una tendencia probable y no como una certeza sobre la ocurrencia de inundaciones en lugares específicos.
El monitoreo local, clave para anticipar los impactos
Aunque El Niño es un fenómeno climático global, sus consecuencias no son iguales en todas las regiones. Mientras el sudeste de Sudamérica tiene una mayor probabilidad de registrar precipitaciones superiores a las normales, otras áreas del continente pueden atravesar déficits de agua y condiciones de sequía.
“Estamos hablando de un fenómeno extremadamente complejo, en un ambiente en donde el planeta está más cálido”, explicó Báez Benítez. En ese contexto, señaló que los extremos de exceso o déficit de precipitaciones pueden resultar más marcados, con consecuencias para las poblaciones, las actividades productivas y los sistemas naturales.
En las regiones con lluvias excesivas, las tormentas intensas pueden estar acompañadas por granizo, ráfagas fuertes y otros fenómenos severos. Sin embargo, la ocurrencia y la intensidad de esos eventos deben evaluarse mediante los pronósticos meteorológicos específicos, ya que no pueden anticiparse únicamente a partir de la fase de El Niño.
“Es muy importante recurrir a las fuentes locales de monitoreo y predicción de la lluvia y la temperatura, que en el caso de Argentina es el Servicio Meteorológico Nacional”, recomendó el especialista. Para Santa Fe, el seguimiento del SMN, los registros hidrológicos y los informes de los organismos provinciales y municipales será determinante para evaluar la evolución del escenario durante los próximos meses. También resultará relevante el aporte de instituciones científicas locales, como la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral, especializada en el estudio del agua y sus dinámicas.
La perspectiva climática plantea la necesidad de sostener las tareas preventivas, el mantenimiento de los sistemas de drenaje y el monitoreo de los ríos, sin confundir la probabilidad de lluvias superiores a las normales con una predicción concreta de inundaciones.
“Estamos ante un evento El Niño muy fuerte que puede convertirse en extraordinario”, concluyó Báez Benítez. La evolución de las temperaturas del Pacífico, las precipitaciones y los niveles fluviales permitirá determinar durante los próximos meses cómo se traduce esa señal climática en riesgos concretos para Santa Fe y la región.
