El actor Antonio Grimau habló sobre las muertes de su padre y dos hermanos durante su adolescencia, su arrepentimiento por el apellido artístico y cómo el teatro lo ayudó a procesar el dolor.
En una entrevista, el actor Antonio Grimau se refirió a las muertes de su padre y dos hermanos cuando no había cumplido los 13 años, ocurridas en un lapso de siete meses, y a la posterior muerte de su madre. Según relató, durante sus primeros años artísticos ocultaba esa situación por temor a que la lástima de otros lo definiera.
«Yo no había cumplido los 13 y un drama familiar de enfermedades hizo que en siete meses murieran mi padre y dos hermanos. Y mamá al poco tiempo murió de tristeza», contó Grimau durante una caminata por Avenida Corrientes, en una charla previa a la pandemia.
El actor también manifestó su arrepentimiento por el apellido artístico: «Me arrepentí y me arrepiento del apellido artístico. Le hubiera hecho un buen homenaje a mi viejo, carnicero, oriundo de 25 de Mayo», declaró.
Grimau describió el impacto familiar: «De ser los Campanelli, pasamos a ser tres hermanos desolados. Rolando, mi hermano más grande se hizo cargo de mí. Fue un instinto aferrarse a la vida. Pensaba que era humillante revelar mi tragedia, pero el teatro fue ayudándome a poner en palabras».
Respecto de su trabajo actoral, señaló que no recurría a las pérdidas cuando el libreto le indicaba llorar, aunque admitió que el llanto de ficción estaba contenido por el real. La facilidad para el drama, dijo, tenía que ver con razones profundas y con una reconexión con las entrañas.
«A veces pienso: ¿Cómo hizo ese chico para salir de tanto dolor?», se preguntó en esa conversación, en la que llevaba el traje de Sandro para la serie biográfica. Asimismo, valoró sus inicios laborales como una formación para la actuación: fue vendedor de bazar en Lanús, empleado de una fábrica de pastas y trabajador de una fábrica de zapatos. De esas tareas, sostuvo, aprendió a forjar la voluntad.
Más adelante se desempeñó como peón de obra, con brea líquida, y como pintor de brocha gorda. Esa educación inconsciente, afirmó, lo fue tallando como artista y le entrenó la mirada y la paciencia para sus personajes.
Antonio Rebolini, su verdadero nombre, ya tenía buena parte vivida en los sesenta cuando llegó a la actuación. En 2010, la muerte de su hijo Lucas volvió a interceptarlo con la tragedia.
Según el relato, Grimau nunca usó el dolor como credencial para obtener compasión ni lo convirtió en una épica de superación. Se describió como sonriente, diplomático y siempre dispuesto, cargando sus cicatrices. La pena, concluyó, nunca terminó representándolo; el dolor era parte de su identidad, pero su resistencia consistía en impedir que los muertos con los que cargaba le quitaran la vida que tenía por delante.
