Un estudio del Laboratorio de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Nacional de Rosario (LESCyT) examina cómo se articula la formación de estudiantes de escuelas técnicas con el sector productivo. El trabajo identifica que los vínculos dependen de docentes con contactos personales y advierte sobre la falta de institucionalización de esa función.
Un equipo de investigadores del Laboratorio de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (LESCyT) de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) realizó un estudio sobre la articulación entre las escuelas técnicas y el sector productivo en el Departamento Rosario. El trabajo, firmado por Néstor Gabriel Calviño, Pablo Sánchez Macchioli y Virginia Osella, se centra en cómo se concretan las prácticas profesionalizantes de los estudiantes y quién se encarga de gestionarlas.
Según el artículo, la educación técnica atraviesa un proceso de desfinanciamiento que se profundizó con el Presupuesto 2026, que derogó el artículo 52 de la Ley de Educación Técnico Profesional. Esa norma garantizaba un piso mínimo de recursos al Fondo Nacional del sector. Los autores sostienen que esta situación compromete la capacidad de las instituciones para articular la formación con las necesidades del entramado productivo.
El estudio indaga en las herramientas estatales existentes, como las prácticas profesionalizantes, los convenios con empresas, el programa de Crédito Fiscal del INET y los planes de mejora. Los investigadores señalan que la existencia normativa no asegura que esas herramientas lleguen a las aulas y talleres, y se propusieron analizar ese tramo de implementación.
A partir de entrevistas con docentes a cargo de prácticas, directivos y supervisores de escuelas técnicas del Departamento Rosario, el equipo concluyó que, en la mayoría de los casos, el vínculo entre escuela y empresa lo sostiene una sola persona. Se trata, por lo general, de docentes que trabajaron en la industria antes de dedicarse a la enseñanza y que utilizan esa experiencia y sus contactos para conseguir lugares de práctica. Esa tarea la realizan en los márgenes de su carga horaria, sin formación específica ni herramientas de gestión.
Los autores denominan a este modo de trabajo “intermediación artesanal”, porque depende del oficio y de la red personal de cada docente. Aunque lo consideran eficaz en lo inmediato, advierten que no se convierte en una capacidad propia de la escuela, como convenios formalizados, registros de empresas o rutinas de trabajo que perduren cuando el docente ya no está.
El estudio identifica dos consecuencias de esta situación. La primera es la fragilidad de los vínculos: cuando el docente que construyó las relaciones se jubila, cambia de escuela o deja de disponer de tiempo, la relación con las empresas suele perderse. La segunda es la desigualdad entre escuelas: aquellas con docentes mejor conectados, directivos con experiencia en gestión o trayectoria de inserción en sectores productivos acceden con mayor facilidad a los espacios de práctica y a los programas de financiamiento, mientras que las que carecen de esos recursos quedan relegadas.
Los investigadores cuestionan el supuesto lineal de que la inversión en equipamiento, infraestructura o actualización curricular se traduce automáticamente en mejores condiciones de inserción. Sostienen que la vinculación es un proceso relacional que involucra a escuelas, empresas, cámaras, sindicatos, fundaciones y organismos públicos, con intereses, tiempos y lógicas diferentes, y que requiere una gestión sostenida y especializada.
En ese sentido, plantean la necesidad de reconocer la vinculación como una función institucional de la escuela técnica y profesionalizar a quienes la ejercen. Eso implicaría asignar horas específicas para esa tarea, ofrecer formación en gestión de vínculos y en conocimiento de la estructura productiva regional, construir sistemas de información sobre empresas y demandas de calificación, y sostener espacios de coordinación territorial.
Los autores mencionan que Santa Fe tiene la oportunidad de incorporar al fondo provincial creado para equipamiento e infraestructura de las escuelas técnicas una línea de financiamiento destinada a fortalecer la vinculación, con horas institucionales, formación específica y un sistema de información productiva colaborativo. El LESCyT pone a disposición el conocimiento producido para avanzar en esa dirección.
El artículo concluye que sostener la escuela técnica en el presente exige un financiamiento estable acompañado de políticas que reconozcan que el vínculo con la producción debe ser construido, gestionado y sostenido por actores formados para esa tarea. Sin esas condiciones, afirman, la inserción laboral de los jóvenes y la disponibilidad de trabajadores calificados seguirán dependiendo de la voluntad de unos pocos docentes.
