sábado, abril 11, 2026

Cambios en el consumo de carne en Rosario: aumenta la demanda de pollo y cerdo

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El precio de la carne vacuna impulsa un cambio en los hábitos de consumo en la ciudad. Mientras la demanda de productos bovinos cae, el pollo y el cerdo ganan terreno en la mesa de los rosarinos.

En los barrios de Rosario, la proliferación de pollerías es una señal visible de una transformación en los hábitos de consumo. Aunque no existen estadísticas oficiales precisas, comerciantes y vecinos coinciden en la tendencia: el consumo de carne vacuna ha registrado una caída significativa, mientras que la demanda de pollo y cerdo muestra un crecimiento sostenido.

El factor determinante es el precio. Con un kilo de pulpa vacuna superando los $24.000, este producto se ha vuelto inaccesible para muchos hogares. En contraste, el pollo, con valores alrededor de los $5.000 el kilo, se consolida como una alternativa económica. El cerdo también gana espacio, con cortes como la pulpa de jamón, que ronda los $10.000, siendo utilizado para preparaciones que antes eran dominio exclusivo de la carne vacuna.

Juan Ramos, presidente de la Sociedad de Carniceros de Rosario, explicó: «El consumo está complicado. La gente se vuelca a lo más económico. No es que la gente dejó de consumir carne vacuna porque cambió el gusto; el problema es el bolsillo».

Este cambio impacta también en el sector comercial. La apertura de pollerías se presenta como una alternativa de emprendimiento, al requerir una inversión inicial y una logística menos compleja que una carnicería tradicional. Sin embargo, Ramos advierte que el negocio no está exento de desafíos: «Tiene menos complejidad, sí, pero igual necesitás capital, conocimiento y volumen de ventas para sostenerte».

La caída en el consumo de carne vacuna no es un fenómeno nuevo, pero se ha profundizado. A nivel nacional, según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), el consumo per cápita cayó a 47,3 kilos anuales, uno de los niveles más bajos en dos décadas. Esta situación incluso modifica prácticas culturales arraigadas, como el asado, donde ahora se incorporan más pollo, cerdo y verduras.

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