Con 36 años, el delantero de Defensores de Funes repasa su extensa trayectoria en la Liga Rosarina, su pasión por el fútbol y su vida fuera de las canchas como masajista deportivo.
La Asociación Rosarina de Fútbol continúa siendo una cantera de jugadores que han trascendido a nivel nacional. Uno de los casos destacados es el de Nino Alejandro Palmigiano, delantero de Defensores de Funes, quien a sus 36 años mantiene intacta su capacidad goleadora.
Apodado «el Gordo», Palmigiano ha vestido 11 camisetas diferentes a lo largo de su carrera y ha superado la marca de los 100 goles. Además de su actividad futbolística, se desempeña como masajista deportivo y trabaja en el mantenimiento del Jockey Club de Rosario.
«El fútbol es todo para mí», afirmó el jugador. «Arranqué a los trece años en San Nicolás, cuando llegué de Sarmiento, Chubut. Pasé por muchas instituciones, entre ellas Newell’s, Argentino, Coronel Aguirre, Unión de Alvarez y otras. Actualmente defiendo los colores de Defensores de Funes».
Consultado sobre su inicio, recordó: «Jugaba en el barrio por las gaseosas con los amigos de mi hermano. Me llevaban porque lo único que hacía era hacer goles. En mi primer torneo en cancha de once metí 23 goles y en el siguiente hice 26».
Su recorrido por la Liga Rosarina es extenso: comenzó en El Porvenir de San Nicolás, pasó por Atlético Empalme, donde compartió equipo con figuras como Ezequiel Muñoz, y tuvo pruebas en Newell’s y Central. También vistió las camisetas de Tiro Federal, Argentino, Unión de Álvarez, Olympia, Coronel Aguirre, Sportivo Figherense y Tiro Suizo antes de llegar a Defensores de Funes.
Sobre su posición en la cancha, explicó: «Era volante por izquierda y después me pasaron de delantero por afuera. El gran gestor de que no salga del área es Fabián Belén, mi actual técnico. Él me enseñó un montón».
Fuera del fútbol, Palmigiano ejerce como masajista deportivo. «Después de mi trabajo en el Jockey Club, tengo pacientes y los atiendo. Vienen jugadores de varias ligas», comentó. Agradeció el apoyo de su familia, especialmente de su madre Graciela, su esposa Natalia y sus hijos Gianna y Massimo, y destacó el trato recibido en Defensores de Funes, club donde su hija también juega en las divisiones inferiores.
