La segunda vuelta electoral en Colombia enfrenta a Iván Cepeda y Aida Quilcué, del Pacto Histórico, contra Abelardo de la Espriella. La campaña se desarrolló con movilizaciones populares, propuestas de paz y un contexto de violencia política y acuerdos incumplidos.
La campaña hacia la segunda vuelta de Iván Cepeda y Aida Quilcué, del Pacto Histórico, incluyó movilizaciones, música, artistas, mujeres de la economía social, ambientalistas y un amplio arco social en las calles de Colombia. También hubo una mayor presencia del senador y candidato presidencial en redes sociales, entrevistas con influencers y actos en cada región del país. Muchas personas salieron de forma autoconvocada con carteles, volantes y stickers para conversar con vecinos y buscar votos.
En el barrio Ciudad Hunza, en la localidad de Suba, al norte de Bogotá, se sostiene una trama comunitaria de radio, arte, ollas populares y trabajo de recicladoras urbanas. Sus calles están pintadas con consignas contra la violencia de género. Ángel Jaime León, comunicador popular y militante, afirmó que la firma del Acuerdo de Paz de 2016 no fue solo entre las FARC y el Estado. «Fue un acuerdo de la sociedad colombiana», sostuvo.
Ese acuerdo requiere transformaciones estructurales en tierra, política y sistema electoral, según lo expresado por León. La paz no es solo quitar fusiles, sino generar condiciones para la vida digna, dar tierra a familias campesinas, cuidar páramos y reconocer el trabajo de quienes cuidan a sus familias y territorios. En esa apuesta se posiciona la fórmula del Pacto Histórico.
Ambos candidatos comparten una historia de violencia familiar. Manuel Cepeda Vargas, padre de Iván Cepeda, era legislador electo por la Unión Patriótica cuando fue asesinado por grupos paramilitares en 1994. Iván Cepeda era profesor de filosofía en la Universidad Javeriana cuando encontró el auto de su padre con un disparo en el parabrisas. «Le pido al presidente Samper, a quienes tienen que ver con la Justicia en Colombia que hagan algo en contra de esta ofensiva contra los dirigentes de izquierda», declaró Cepeda ese día.
En 2008, durante una movilización de la Minga Indígena, fue asesinado Edwin Legarda, esposo de la dirigente indígena del Cauca Aida Quilcué. Las fuerzas oficiales lo presentaron como un «falso positivo». Quilcué continuó exigiendo mejores condiciones de vida para sus comunidades.
Cepeda debió exiliarse y a su retorno fundó el Movimiento Nacional de Víctimas del Estado (Movice). Participó en las conversaciones por el Acuerdo de Paz firmado en 2016 durante el gobierno de Juan Manuel Santos. Entre 2016 y 2026, 489 firmantes del acuerdo fueron asesinados, según el Consejo Nacional de Reincorporación.
Albeiro Suárez, excombatiente de las FARC, fue asesinado el 16 de octubre de 2020 mientras realizaba diligencias para mejorar las condiciones de vida en un campamento de firmantes. «Necesitamos que en vez de que nos estigmaticen, nos apoyen, que vengan al territorio y se den cuenta de que aquí no estamos construyendo trincheras ni fusiles, estamos construyendo paz», había declarado.
Aída Avella, en el cierre de campaña de Iván Cepeda en Bogotá, declaró: «En este gobierno a nadie le arrancaron los ojos por pensar diferente». La declaración refiere a la persecución estatal durante el estallido social de 2021 en el gobierno de Iván Duque. El Instituto de Desarrollo para la Paz (Indepaz) indicó que entre el 28 de abril y el 28 de junio de 2021 hubo 75 asesinatos, 83 personas con lesiones oculares y 28 víctimas de violencia sexual, entre otras cifras.
En las afueras de un shopping en Kennedy, al sur de Bogotá, muchos rechazaron el volante de Cepeda-Quilcué, mientras que otros lo recibieron. La polarización política se observa en una zona donde en primera vuelta ganó Abelardo de la Espriella con el 80 por ciento de los votos.
Mauricio Grajal y Jenny Moreno Socha, jóvenes que participaron del estallido social en Cali en 2021, generaron junto a otras personas la Juntanza Popular por la Transformación Social. Grajal declaró que aquella experiencia fue «transformadora cultural y socialmente. Me permitió participar en espacios en los que no había pensado estar». Moreno Soacha agregó que «el joven que salió en 2021 salió con digna rabia y hoy es más consciente».
La campaña de Abelardo de la Espriella incluyó anuncios como «destripar» a quienes piensen diferente y promesas de hacer cumplir la ley ante bloqueos de avenidas durante protestas. También prometió reincorporar el extractivismo como política de Estado. Cepeda, por su parte, prometió garantías para quienes no voten por él y reparación para las víctimas de la violencia estatal.
Colombia enfrenta dos alternativas sobre la violencia: la propuesta de De la Espriella de «destripar al opositor» o la de Cepeda de diálogo y búsqueda de verdad y justicia. La última palabra la tendrán los votos de este domingo.
