La propiedad de 16 habitaciones y casi 10 hectáreas, conocida como Castillo Mandl y ubicada en La Cumbre, fue puesta nuevamente a la venta con un precio de u$s3,1 millones.
Una construcción ubicada en lo alto de un cerro de La Cumbre, en las sierras de Córdoba, domina el paisaje del valle de Punilla desde hace casi cien años. Se la conoce como Castillo Mandl, aunque su historia comenzó con el médico cirujano rosarino Bartolomé Vasallo, quien encargó su construcción a fines de la década de 1920. La propiedad, de 16 habitaciones y cerca de 10 hectáreas, volvió a salir al mercado inmobiliario con un precio de u$s3,1 millones.
La cifra representa una rebaja respecto de los u$s3,8 millones que se pedían por ella a comienzos de 2023, cuando la firma internacional Christie’s International Real Estate la tenía en cartera. El aviso, publicado nuevamente en el mercado cordobés, despertó el interés de operadores inmobiliarios, inversores y curiosos atraídos por una combinación poco frecuente: arquitectura singular, ubicación privilegiada y una historia que mezcla intriga política, glamour europeo y espionaje.
Un cirujano rosarino con gustos de aristócrata
Bartolomé Vasallo nació en Gualeguay en 1874, pero construyó su vida y su fortuna en Rosario, donde se destacó como cirujano y como hacendado. Su apellido todavía puede verse en la ciudad: corona el palacio donde hoy funciona el Concejo Municipal. Era, según lo describen quienes rastrearon su biografía, un hombre de origen humilde que se convirtió en un trabajador incansable, capaz de operar pacientes desde las cuatro y media de la mañana y de reunir, solamente en Entre Ríos, siete estancias, además de otras propiedades repartidas en distintas provincias.
Vasallo pasaba allí los veranos junto a su familia, y en la puerta de la propiedad había un busto en tamaño natural de su esposa, Edelmira Quintana, que ella misma solía adornar con pelucas y uñas postizas. Dos mástiles con banderas de distintos colores anunciaban a todo el pueblo cuándo el matrimonio estaba en la casa: una bandera azul señalaba la presencia de Vasallo y una colorada, la de su esposa.
El médico rosarino era, además, un filántropo reconocido. Al morir, en 1943, dejó buena parte de sus bienes al Estado, a instituciones de beneficencia y al Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, donde había estudiado. Antes de esa fecha, sin embargo, ya había intentado desprenderse del castillo cordobés: en enero de ese año se lo donó a la Municipalidad de La Cumbre y a la provincia de Córdoba, pero ambas rechazaron el ofrecimiento por el elevado costo de mantenimiento. La salida fue un remate público, realizado en diciembre de 1943.
El austríaco que escapó de Hitler y se hizo amigo de Perón
Quien se quedó con la propiedad en ese remate fue Fritz Mandl, un industrial y aristócrata austríaco ligado a la fabricación de armas, considerado en esa época uno de los hombres más ricos del mundo según el ranking de la revista Forbes. Mandl había heredado las acerías de su padre, pero cuando Austria fue anexada al régimen de Adolf Hitler, esas empresas le fueron expropiadas. El propio Hitler lo persiguió y le quitó buena parte de sus bienes, obligándolo a escapar. Pese a eso, y desconociendo las restricciones del Tratado de Versalles, Mandl había llegado a venderle armas al Tercer Reich.
Su primera esposa fue la actriz Hedy Lamarr, hija de un banquero vienés y bastante más joven que él. El matrimonio terminó en divorcio y ella se instaló en Nueva York junto al magnate del cine Louis Mayer. Mandl tuvo después otras cuatro esposas, entre ellas Herta, con quien viajaba a La Cumbre acompañado de asistentes y de un cocinero personal.
Instalado en la Argentina desde 1938, Mandl sumó a sus negocios una fábrica de bicicletas que luego derivó hacia la industria armamentística, y según contó hace años el historiador de La Cumbre Francisco Capdevila, entabló amistad con Juan Domingo Perón. Compró la propiedad del «rosarino» Vasallo porque le recordaba a un castillo de Salzburgo, y durante casi dos años la sometió a una reforma integral a cargo del arquitecto húngaro Jorge Kalnay, formado en Budapest. Con planos traídos de Francia, la construcción perdió su aspecto de fortaleza medieval —torres, almenas y demás— y se transformó en un chalet de estilo europeo, con una impronta minimalista inspirada en el diseñador francés Jean Michel Frank y el escultor suizo Diego Giacometti, y con muebles de la prestigiosa Casa Comte de Buenos Aires.
Mandl llevaba una vida reservada, aunque participaba de cabalgatas y jugaba al golf. Murió en Viena en 1977, y tras su fallecimiento sus hijos, Alejandro y Gloria Odette, dejaron de frecuentar la casa cordobesa.
Por esos salones también pasó la actriz Nora Gregor, que había mantenido un romance clandestino con el príncipe Ernst Rüdiger von Starhemberg, quien en 1934 asumió como vicecanciller de Austria. El hijo de ambos, Heinrich, llegó a asistir a una escuela pública de La Cumbre. En 1950 todavía se hospedaban allí el príncipe de Starhemberg y su padre, heredero de la corona austríaca. Entre los vecinos del pueblo circuló durante años, sin confirmación, el rumor de que el propio Hitler habría pasado alguna vez por la propiedad.
Cuando la SIDE tuvo las llaves del castillo
Con el correr de las décadas, la casa entró en un largo período de desuso. En los años 90, fue el hijo de Mandl quien se la ofreció a Hugo Anzorreguy, entonces director de la Secretaría de Inteligencia del Estado (Side) durante el gobierno de Carlos Menem —un cargo que ocupó entre enero de 1990 y diciembre de 1999—, a cambio de que se hiciera cargo del mantenimiento, los impuestos y los servicios de la propiedad. Fue entonces cuando nació otra de las leyendas que rodean al castillo: la de una supuesta sede paralela de la Side en las sierras cordobesas.
Vecinos del pueblo que trabajaron en las reformas de esa época contaron después que llegaban aviones desde Buenos Aires cargados de mármoles, cortinados y artefactos de baño, y que era habitual cruzarse por los bares y las calles de La Cumbre con hombres de anteojos negros, como en una escena de película. En ese mismo período, Menem paró varias veces en el castillo durante su Presidencia y Fernando de la Rúa lo hizo al menos en una ocasión.
En abril de 1990 la propiedad sufrió el robo de 42 obras de arte colonial de los siglos XVI, XVII y XVIII. Trece años más tarde, Interpol logró recuperar en España trece de esas pinturas, que estaban en poder de una organización dedicada al tráfico de bienes culturales.
De residencia aristocrática a hotel boutique
Desde fines de 2006, los herederos de Mandl concesionaron la propiedad a un inversor que la transformó en una hostería categorizada, bautizada «El Castillo de Mandl», que con el tiempo se consolidó como un alojamiento de lujo. Antes de la venta actual, en 2022 y 2023, ya había sido ofrecida en el mercado inmobiliario internacional a través de Christie’s International Real Estate, con una valuación cercana a los u$s3,8 millones. Además de esa oferta, entre 1994, 2000 y 2005 la propiedad recibió mejoras adicionales y trabajos de mantenimiento, según se detalla desde la firma que hoy la tiene en venta.
Cómo es por dentro: 16 habitaciones y casi 10 hectáreas
La propiedad ocupa una superficie de 97.124 metros cuadrados, distribuidos en cinco lotes. Dos de ellos están en la parte alta de un camino de terracería —justamente donde se levanta el castillo— y los otros tres se encuentran más abajo, en la zona de San Jerónimo, e incluyen una casa de huéspedes, la vivienda del cuidador, una cochera y establos. El terreno tiene olivos y árboles frutales, y a su alrededor Vasallo había hecho plantar un bosque frondoso con especies europeas seleccionadas, que con el tiempo generó un microclima propio en esa parte del cerro.
La construcción tiene tres plantas. En la principal hay dos entradas, una por el sector del bar y otra por la fachada central, y las zonas comunes —el hall, el bar, dos grandes salones y el comedor— cuentan con ventanales enormes que se abren al paisaje serrano. El bar conserva los pisos originales de la época de Vasallo, mientras que los salones tienen suelos de mármol y chimeneas que todavía funcionan. En uno de los salones hay un largo sofá verde ubicado junto a la ventana, pensado para aprovechar la vista. El vestíbulo de entrada se destaca por una gran pintura de la escuela cusqueña, que perteneció a la colección personal de Mandl.
El comedor, de forma parcialmente redondeada, tiene una mesa circular de madera hecha a medida para 22 personas, ubicada debajo de un candelabro de hierro forjado que combina velas con bombillas eléctricas. Todos estos ambientes de la planta principal están comunicados entre sí por grandes puertas corredizas.
En cuanto a los dormitorios, son 16 en total: cuatro en la planta baja, nueve en el primer piso y tres en el segundo. Todos tienen baño privado, con la excepción del cuarto de los niños, que comparte baño con la habitación de la niñera. Una escalera de caracol conduce al primer piso, y existe una segunda escalera que recorre todos los niveles de la casa. En el segundo piso se encuentra el dormitorio principal, de estilo colonial y con baño privado, junto a otras dos habitaciones que también cuentan con baño propio y conservan sus pisos originales.
Las áreas de servicio incluyen una cocina dividida en tres sectores funcionales, uno de los cuales tiene acceso directo al comedor. La tercera planta reúne tres dormitorios adicionales y un baño destinados al personal de servicio, además de un amplio espacio de trabajo. En el sótano hay una bodega que en su momento ocupó el lugar de una mazmorra falsa que Vasallo había mandado instalar y que Mandl transformó durante su reforma.
Por fuera de la casa, en un nivel más alto del terreno, está la pileta, separada del edificio principal y rodeada por un amplio deck. Se llega hasta allí a través de un puente de piedra que arranca desde el primer piso de la vivienda, o bien caminando por un sendero que atraviesa el jardín.
