jueves, agosto 6, 2026

Las buenas prácticas del agro abren las puertas de los mejores negocios

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En el marco de la 34.ª edición del Congreso Aapresid, el sector agropecuario analizó la sustentabilidad como núcleo de la rentabilidad futura, con foco en la medición de datos y la demanda de mercados internacionales.

En el marco de la 34.ª edición del Congreso Aapresid, la conversación estratégica del sector agropecuario puso el acento en la sustentabilidad, ya no como un imperativo ético periférico, sino como el núcleo de la rentabilidad futura.

Grandes industrias del mundo piden insumos de producción sustentable. Medir la siembra y sus huellas es decisivo para evidenciar los estándares y ser proveedores en mercados exigentes, como el europeo.

En el panel “La sustentabilidad también se paga” se señaló que las demandas globales de regeneración ambiental se transformaron en pedidos de la industria a los productores y se han cristalizado en oportunidades económicas tangibles.

La industria está cruzando el límite que separa la era de los “sellos de confianza” de la era de la evidencia de datos. En la próxima década, la capacidad de demostrar métricas dinámicas de captura de carbono y salud del suelo no solo otorgará un diferencial de precio, sino que será condición necesaria para no quedar excluido de los mercados más competitivos, en especial en Europa.

De la certificación a la evidencia

El ingeniero agrónomo Tomás Mata, fundador y consultor en GapGreen, firma especializada en proyectos de sustentabilidad y certificaciones de procesos agrícolas, sostuvo que el mundo pasó de la era del “créame” al “muéstreme los datos”. Explicó que en el comercio internacional moderno, la transparencia informativa ha superado a las certificaciones tradicionales. Hoy, los atributos de un producto incluyen su proceso productivo de manera inseparable, una realidad traccionada por la SAI Platform (Sustainable Agriculture Initiative).

Mata subrayó que la demanda ya no se agota en el binomio precio-calidad. “El cambio de la demanda ya comenzó hace rato. […] Hoy ya vemos atributos que tienen que ver con cómo fueron producidos, si realmente cuentan con datos verificables, qué tipo de práctica, si no es solo precio y calidad, pero también es evidencia”.

Esta presión proviene también de una estructura de incentivos financieros global. Mata advirtió que “las empresas son las que traccionan esto, pero esas empresas también tienen inversores que necesitan garantías o seguridad de dónde están poniendo su dinero”. Ante la proliferación de marcos normativos, su recomendación estratégica fue: “Tenemos que tratar de tener un protagonismo hablando como protagonistas de las regulaciones y no de espectadores”.

Prácticas que son activos

Para que la evidencia de las prácticas agronómicas sea comercializable, se requieren herramientas que conviertan la práctica agronómica en un activo financiero. Inés Di Nápoli, directora de estrategia global de Puma By Regrow, lidera el escalamiento global de esa conversión.

La digitalización se ha transformado en el motor de generación de activos ambientales. La capacidad de validar científicamente lo que sucede bajo el suelo permite que el esfuerzo del productor se traduzca en una moneda de cambio reconocida por el sistema financiero internacional.

Di Nápoli detalló que la plataforma monitorea 7 millones de hectáreas en 7 países. En marzo de 2026, Puma se fusionó con Regrow, consolidando una presencia en más de 17 países. Según Di Nápoli, “eso es lo que nos facilita a todos es la posibilidad de escalar desde Argentina con productos originados acá”. La tesis central es que “los activos más importantes de los productores son sus datos”.

“Tenemos que aprender que si bien todos sabemos el valor que aporta un sistema de labranza, como es siembra directa, tenemos que poder demostrarlo y una vez que lo demostramos y lo pusimos en valor podemos empezar a generar negocio”, afirmó.

La tecnología permite la comoditización del carbono y otros servicios ambientales. La plataforma transforma la siembra directa de una “buena práctica” a un producto financiero. Esto abre puertas a bonos de carbono y también permite que los bancos ofrezcan tasas diferenciales y créditos preferenciales a quienes logren demostrar, con datos auditables, su eficiencia ambiental.

Más allá del carbono

El éxito de la agricultura regenerativa depende de la capacidad de los intermediarios financieros para inyectar liquidez directamente al productor. Jean Del Bo, de Soil Capital, expuso cómo actúan de puente entre las metas de descarbonización de multinacionales como Pepsi, Mars y Nestlé, y la realidad del campo.

“Lo que queremos es que la agricultura pase a agricultura regenerativa”, definió Del Bo. Sobre la expansión de indicadores, detalló que “el carbono fue bueno. Súper buen indicador tanto para el agricultor como para la industria, pero no es suficiente. Se requiere ver el sistema sostenible completo, es por eso que expandimos esta métrica de carbono a lo que llamamos más allá del carbono en términos de salud del suelo, calidad del agua, biodiversidad…”.

Del Bo se refirió a las multinacionales que se abastecen en América Latina: “Y por eso ahora el desafío es cómo podemos replicar el buen trabajo que estamos haciendo en Europa con estas empresas aquí para que también podamos inyectar dinero en el sistema”.

Con 21 millones de euros ya desembolsados en Europa, el modelo de Soil Capital opera como prueba de concepto. La sustentabilidad tiene un precio de mercado y se paga al contado. Argentina se encuentra en una posición para capturar esta renta, ya que las empresas dispuestas a pagar ya operan en el país y buscan proveedores que certifiquen su huella.

Posicionamiento soberano

Esta oportunidad de posicionamiento soberano impulsa la visión institucional de Aapresid. Marcelo Torres, presidente de la Asociación Argentina de Siembra Directa, sostuvo que el activo más valioso de Argentina es su capital social y técnico.

La red de 1.000 productores y 10 millones de hectáreas de influencia funciona como una plataforma de validación científica. Este sistema se apoya en las chacras y regionales, unidades de innovación colaborativa y descentralizada que permiten adaptar el modelo de “campo verde y vivo” a cada región del país, escalando la recolección de datos.

Torres destacó cómo la tecnología nacional ha sido clave para abrir puertas financieras: “El gran mérito que ha tenido Inés es la plataforma la calculadora de carbono; lo que ha hecho es convencer a los exportadores, a los bancos”, de medir lo que hacen los productores para acercarles financiamiento y tasas diferenciales.

Mientras el mundo promedia menos de un 10% de siembra directa, Argentina ostenta un 80%. Torres afirmó: “Nosotros tenemos para sacar pecho con esto, tenemos para realmente tener como un argumento de posicionamiento de nuestras cadenas”.

Si el país logra conectar sus redes de conocimiento con estándares globales de medición, no solo cumplirá normas europeas, sino que podrá dictar los términos de la conversación global sobre eficiencia ambiental.

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