El asesinato de Juan José Gómez ocurrido este miércoles se suma a una serie de crímenes de barras vinculados a Rosario Central y Newell’s en un trasfondo compartido. De al menos nueve casos registrados, en siete hechos las víctimas tenían un conflicto relacionado al mundo del paravalanchas, pero también a bandas criminales de la ciudad. Viejos y nuevos nombres se cruzan en una reconfiguración todavía en proceso.
El asesinato de Juan José Gómez, ocurrido este miércoles, se suma a una serie de crímenes de barras vinculados a Rosario Central y Newell’s en un trasfondo compartido. De al menos nueve casos registrados, en siete hechos las víctimas tenían un conflicto relacionado al mundo del paravalanchas, pero también a bandas criminales de la ciudad. Viejos y nuevos nombres se cruzan en una reconfiguración todavía en proceso.
El caso más resonante, y tal vez el punto de inflexión en esta historia, es el asesinato de Andrés “Pillín” Bracamonte, histórico jefe de la barra canalla acribillado junto a su ladero Daniel “Rana” Attardo. La investigación por ese hecho registra avances respecto de la organización del ataque aunque no en relación a la instigación. En tanto otros homicidios de esta saga permanecen en la oscuridad, con causas sin avances concretos en relación a autores identificados.
En paralelo, dichas disputas fueron exponiendo a nuevos personajes del delito complejo a nivel local. Muchos de ellos cayeron en prisión pero otros continúan bajo investigación e incluso prófugos de la Justicia. A la par de los hechos violentos permanece la correspondencia entre delincuentes sostenida mediante banderas que aparecen en la vía pública con mensajes más que sugerentes.
En ese contexto la mayoría de los asesinatos vinculados a las barras aparentan ser ajustes relacionados a una reestructuración del crimen organizado. Los primeros hechos de esta saga coinciden en el tiempo con la aparición en escena de la banda Los Menores, una nueva marca criminal no identificada del todo.
Pillín y Samu, crímenes con repercusión
Con el paso del tiempo se puede ubicar un episodio inicial tal vez relacionado a todo lo que vino después. Es la balacera ocurrida el 10 de febrero de 2024 en inmediaciones del country Los Álamos, en Ibarlucea, donde vivía Pillín Bracamonte. Los tiros fueron acompañados por un mensaje hallado en el lugar. Meses después, en agosto del mismo año, Pillín sobrevivió a un ataque a tiros en el Parque Alem, tras el clásico con Newell’s.
Durante 2024 se vivieron días intensos en la popular donde paran Los Guerreros y en el Caribe Canalla. Pormenores que comenzaron a trascender en octubre de ese año, tras el asesinato de Samuel “Samu” Medina, acribillado cuando regresaba de un partido de Central en el Gigante de Arroyito. Era un referente de zona sur en la barra y yerno del líder de Los Monos, Máximo Ariel “Guille” Cantero. En un partido posterior a ese crimen un grupo de barras apareció con camisetas que homenajeaban a Samu y desplegó una bandera con la leyenda “No respetamos a nadie. Siempre mono nunca sapo”.
Para entonces Pillín Bracamonte, por consejo de su abogado aunque de manera informal, ya había contado en Fiscalía que creía que quien había estado detrás de su intento de asesinato podían ser personas vinculadas a Los Menores. En ese momento no era más que una pandilla mencionada en investigaciones por asesinatos ocurridos en los barrios 7 de Septiembre y Stella Maris, pero cobraron mayor relevancia tras el doble crimen de Pillín y Rana Attardo el 9 de noviembre de 2024, también tras un partido en el Gigante.
Con la sospecha sobre Los Menores fueron expuestos sus presuntos jefes, Matías Gazzani y Lisandro “Limón” Contreras, conocidos por viejos investigadores pero alejados de la escena pública. Sin embargo el asesinato de Pillín dejó entrever una trama no tan lineal como lo supone una disputa entre enemigos: el crimen del histórico jefe del paravalanchas fue posible porque lo traicionaron. Es una arista de la investigación todavía no esclarecida pero con asidero en las acusaciones por encubrimiento a dos personas de su confianza: Leopoldo “Pitito” Martínez y Leila Navarro. Una idea con correlato en la calle: antes de ser detenido, a Martínez le balearon la casa y en el ambiente de la barra circuló una bandera que rezaba “Pitito traidor”.
Guli, Chino y Cascarita, del Gigante al Coloso
Ya en 2025 comenzaron a verse las consecuencias del asesinato de Pillín. Algunos barras de su confianza recalaron en la hinchada de Newell’s, donde por ahora es más clara la influencia histórica de Los Monos. Esos movimientos en las tribunas tuvieron también su repercusión en la calle. Primero en marzo, con el asesinato de Gustavo “Guli” Bovio, un canalla acribillado a balazos cuando llevaba en sus bolsillos más de treinta entradas para un partido de Newell’s.
Esa trama, que cruzaba a las dos barras y al mundo narco, volvió a asomar con más homicidios. En abril con el asesinato en barrio Las Flores de Iván Jagich, que se movía en un auto a nombre de una persona cercana a los Cantero. Y el de Brian “Chino” Figueroa, ultimado a pocas cuadras de salir de un partido en el Coloso Marcelo Bielsa, sobre quien la calle dijo que “jugaba a dos puntas”.
Todo se intensificó con el asesinato de Juan Domingo “Cascarita” Ramírez, otro hombre cercano a Los Monos que era parte de Los Guerreros y terminó parando en la barra de Newell’s. Así lo expuso una foto publicada por La Capital, donde se lo ve en el paravalanchas junto a Juancito Gómez, asesinado este miércoles. Los dos habían encontrado reparo allí por sus vínculos con referentes de Los Monos como Leandro “Pollo” Vinardi. Los expedientes confirmaron que habían sido desplazados de la barra de Central, que fue copada por una facción ligada a Los Menores.
Los Menores, la marca de una nueva era
La banda Los Menores fue mencionada por primera vez en septiembre de 2023, luego de un asesinato en el barrio Stella Maris por el que están imputadas personas ahora también detenidas como parte de la asociación ilícita liderada por Matías Gazzani. Tras el asesinato de Pillín su presunto jefe, todavía prófugo, cobró relevancia y se comenzó a exponer el crecimiento de Los Menores más allá del su barrio de origen, el 7 de Septiembre de la zona norte de Rosario. Una consolidación que se dio a medida que perdieron peso algunas facciones de Los Monos, mientras otras se mantienen aunque con menos visibilidad que en otros tiempos.
Esa reconfiguración del crimen organizado se reflejó en la calle: el comercio de drogas se mantuvo, pero sin tanta competencia y por lo tanto sin la violencia desmedida de años anteriores. Un fenómeno que tuvo su narrativa paralela en las banderas que desde hace dos años aparecen casi semanalmente colgadas en distintos puntos de la ciudad con acusaciones cruzadas.
Respecto de Los Menores una serie de detenciones en el marco de dos causas por asociación ilícita brindan un panorama de su magnitud, que va más allá de una pandilla barrial. Ezequiel Dilascio o Lautaro “Wifi” Brest, por ejemplo, son la cara de la violencia y el narcomenudeo. Lisandro “Limón” Contreras y el policía Jonatan Garraza, dan cuenta de la connivencia institucional y el vínculo con referentes del narcotráfico. Fernando Cappelletti y Ornella Di Pietri son el indicio de que la organización acaparó otros rubros como el juego clandestino. Mientras que Lautaro “Laucha” Ghiselli y Alejandro “Cani” Zamudio aparecen como referentes de una nueva era de la barra brava canalla.
