Pablo Flores, heredero de una producción hortícola familiar, cultivó dos hectáreas de frutillas en su establecimiento sobre la Ruta Nacional 8, entre Pergamino y Fontezuela. Incorporó variedades importadas y mejoró el manejo del cultivo. La comercialización se realiza en su local de Pergamino, en ciudades vecinas y en el Mercado de Fisherton, en Rosario.
En Argentina, la producción de frutillas se concentró tradicionalmente en provincias como Tucumán, Salta, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, y en zonas bonaerenses como La Plata, Mar del Plata y San Pedro. Desde el año pasado, Pergamino busca ingresar como nuevo productor de esta fruta.
En ese distrito, un productor local encontró una alternativa para aprovechar tierras de la zona periurbana, donde las restricciones sanitarias limitan la producción de cultivos extensivos de manera tradicional.
Pablo Flores, un joven pergaminense que heredó la producción hortícola de su familia, se preguntó si antes en Pergamino se había producido frutilla con éxito y por qué no intentarlo nuevamente.
En 2024, en su establecimiento ubicado sobre la Ruta Nacional 8, entre Pergamino y la localidad de Fontezuela, comenzó junto con su familia los preparativos para producir una hectárea y media de frutillas. Inició con una variedad importada de Estados Unidos, que le permitiría ingresar al mercado un poco más temprano y aprovechar mejores precios.
En su primer intento le fue bien y se entusiasmó. Este año apostó por aumentar la superficie y, con una mejora en el manejo, duplicó la producción de frutillas en una zona dominada por la agricultura extensiva.
“Mi papá Juan se dedicó a la producción hortícola desde siempre, y hace unos años abrimos un local comercial en el centro de Pergamino para la venta directa al público. Pero yo iba siempre a buscar frutillas a las zonas tradicionales de producción, y al enterarme de que en esta zona unos japoneses habían cultivado esta fruta, se me ocurrió probar de nuevo”, contó Flores en diálogo con La Capital.
“Comenzamos en 2024 a preparar la tierra y en marzo de 2025 plantamos una hectárea y media de frutilla de la variedad Fortuna California, importada de Estados Unidos, que nos permitió entrar al mercado a principios de septiembre, antes que la mayoría y con mejores precios”, apuntó.
El productor explicó que la primera experiencia dejó aprendizajes que la familia incorporó para la campaña siguiente: “Si bien me asesoré y capacité en el cultivo, el año pasado, debido a nuestra inexperiencia, cometimos algunos errores de manejo que derivaron en pérdidas productivas”.
“Tuvimos problemas de implantación tardía, hongos e insectos, que provocaron la mortandad de muchas flores”, señaló.
Este año, además de ampliar la superficie, la empresa incorporó otra variedad: “Aumentamos la superficie a dos hectáreas e incorporamos la variedad San Andreas -muy popular en América Latina por su alta productividad y gran tamaño de fruto-, y mejorando el manejo de ambas, duplicamos la producción”, destacó Flores.
El trabajo para cada campaña comienza varios meses antes de la cosecha. “A partir de diciembre se comienza a trabajar la tierra con mucha profundidad. Abonamos con cama y guano de aves, suplementando la fertilización orgánica con aplicaciones foliares y por goteo”, detalló.
Luego se hacen los lomos para plantar en marzo y se coloca el mulching, un nailon negro alrededor de la planta que ayuda a controlar malezas. “En julio la planta comienza a generar las primeras flores, y para protegerlas del frío, se realiza un microtúnel con manta térmica. La cosecha arranca los primeros días de septiembre”, explicó.
Así, el entrevistado aseguró que lograron “una fruta más temprana, firme, de mayor tamaño, gran calidad postcosecha y mejor precio para nuestra zona, debido a su escasez”.
– ¿La cosecha se realiza a mano?
Sí, de manera artesanal y familiar como se hacía tradicionalmente, porque es una fruta muy delicada. Son dos meses de cosecha fuerte y luego disminuye la intensidad.
– ¿Qué volumen de producción lograron?
El año pasado logramos un máximo de 500 cajas de unos 5 kilos cada una por cosecha, pero este año, con la mejora del manejo y la mayor superficie, alcanzamos entre 800 y 1000 cajas. Se realizan dos o tres cosechas por semana.
– ¿Dónde realizan la comercialización?
Principalmente en forma directa, a través de nuestro local en Pergamino, pero también tenemos clientes de la zona, en ciudades vecinas como Arrecifes, Salto y otros pueblos, y entregamos al Mercado de Fisherton en Rosario. En alguna oportunidad también vendimos en Buenos Aires.
– ¿Cuál es el objetivo? ¿Hasta dónde quieren llegar con la producción?
Cuando haces algo que te gusta y te sale bien, siempre querés hacer un poco más. El objetivo para el año que viene es alcanzar entre tres y cuatro hectáreas de producción, dependiendo del clima, ya que la inversión inicial es muy costosa. Ya estamos preparando la tierra, previo a la compra de plantines, según cómo comience la próxima temporada. Pero ya tenemos que comenzar a trabajar, no se puede dejar para último momento.
