Tras una extensa gira nacional, la banda de rock rosarina se presentará por primera vez en el escenario de Metropolitano el próximo 8 de mayo, con un repaso de sus más de treinta años de trayectoria.
Después de recorrer el país de punta a punta, Cielo Razzo vuelve a casa. El próximo 8 de mayo, a las 20, la banda de rock rosarina se subirá por primera vez al escenario de Metropolitano (Salón Independencia, Junín 501), con un show que promete ser mucho más que una parada en el calendario: el grupo liderado por Pablo Pino repasará su último disco, «El día fuera del tiempo» (2024), y al mismo tiempo recorrerá sus más de treinta años de historia.
Formados en 1993, con ocho discos de estudio y dos registros en vivo, Cielo Razzo fue construyendo una identidad propia dentro de la escena del rock nacional, pasando por escenarios clave como el Cosquín Rock, el Quilmes Rock o el Luna Park. Con Pino al frente, la banda se completa con Diego Almirón, Fernando Aime, Cristian Narváez y Javier Robledo, junto a Marcelo “Chelo” Vizarri en teclados.
A lo largo de 2025, con «El día fuera del tiempo» como punta de lanza, el grupo salió a la ruta en una gira movilizada por su regreso discográfico después de casi una década y llevó sus canciones por distintas ciudades del país: Santa Fe, Mendoza, Buenos Aires, Córdoba, Mar del Plata, San Luis, Río Cuarto y Tucumán. Pero si hay un lugar donde todo eso adquiere otro sentido, es en Rosario. Antes del recorrido nacional, la banda había presentado el disco en la ciudad, y ahora regresa con ese trayecto encima, con las canciones pasadas por el vivo y listas para encontrarse otra vez con su público más fiel.
En diálogo con La Capital, Pablo Pino, la voz inconfundible de Cielo Razzo, habló sobre su próximo show, el recorrido de más de tres décadas con la banda, el vínculo con su público y el significado de volver a tocar en casa. El músico adelantó que el 8 de mayo en Metropolitano será especial. “En este encuentro que vamos a tener en el Metro lo que estamos armando es un poco el repaso. La idea es repasar todos nuestros discos, tratar de armar una lista que tenga dinámica, que pase por muchos momentos en la noche”, anticipó.
Ese repaso implica también resumir más de treinta años de trayectoria y ocho discos de estudio, un recorrido sostenido por un grupo que se mantuvo en el tiempo atravesando cambios, diferencias y aprendizajes. “Nosotros prácticamente nos criamos juntos, nos conocimos a los 20 años, éramos muy pibes y atravesamos la vida juntos haciendo música y siempre fuimos muy distintos”, recordó Pino sobre los inicios de Cielo Razzo en el barrio La República, antes de convertirse en una de las bandas rosarinas con mayor llegada nacional. “Hay épocas: hemos pasado momentos muy tristes, muy felices y otros más intrascendentes”, sumó al recordar ese camino compartido, y admitió con cierta nostalgia: “Con ellos aprendí a cantar, la banda me dio el oficio de la composición, este oficio de cantor lo aprendí con la banda”.
Lejos de desgastar el proyecto, el paso del tiempo fue consolidando una forma de convivir. “Me parece que el hecho es entender que el otro va a ser distinto, que caminamos juntos, que nos fuimos reinventando y que tenemos que seguir reinventándonos”, explicó. Pero esos más de treinta años no se construyeron solo hacia adentro. Al mismo tiempo que la banda se reinventaba, también iba tejiendo un vínculo hacia afuera, con un público que creció a la par de ellos, con miles de rosarinos que incorporaron esas canciones a su vida cotidiana y que hoy forman parte clave de esa historia.
“Lo principal es que entendimos también que nosotros somos, de alguna manera, una pequeña representación de un mundo. Somos una comunidad: los que tocamos, los que trabajan, la gente que se acerca, la gente que compone a Cielo”, destacó el vocalista. “La música es un elemento que construye y no que destruye. Construye bienestar, construye amistad, construye amor, es un puente”, definió. Es ahí donde la música aparece como el punto que une todo: “te da un espacio, te construye memoria, se construye emociones hermosas… y lo que termina pasando es que nos mete a todos en el mismo lugar, en una comunidad hermosa como lo es la nuestra”.
La comunidad de la que habla Pino tiene un punto de origen claro. “A nosotros nos gusta tocar en todos lados y somos felices girando, pero Rosario es nuestra casa”, comentó, a tan solo días de su presentación en el Metropolitano. Lejos de vivirse como una presión, ese regreso se siente desde un lugar mucho más íntimo y cotidiano. “Acá puedo llevar a mis hijos a la prueba, viene mi viejo, me encuentro con amigos. Es el lugar donde estuvimos toda nuestra vida. Cuando tocamos acá”, concluyó.
