La empresa comunicó el cierre a las 4 de la mañana mediante un mensaje de WhatsApp. Los empleados encontraron los locales cerrados con candados. La firma había entrado en concurso preventivo en noviembre del año pasado.
A las 4 de la mañana del viernes 2 de octubre, unos 150 trabajadores de la cadena de panaderías Pandanés recibieron un mensaje de WhatsApp en el que se les informaba que la empresa cerraba sus 25 locales y que iniciaría un pedido de quiebra. El mensaje fue enviado a los 60 empleados de las tiendas y a los 100 de la planta, según relató uno de los trabajadores.
«Hoy a las 4 nos mandaron un WhatsApp a los 60 empleados de las tiendas y los 100 en planta el mismo mensaje, que la empresa iba a la quiebra. Que los números no se podían sostener y que no vayamos más», declaró un empleado.
En el comunicado, la empresa sostuvo: «Nuestra intención siempre fue mantener Pandanés en funcionamiento y preservar las fuentes de trabajo. Hasta último momento seguimos buscando una salida, pero lamentablemente no encontramos una solución viable». Y agregó: «Esto significa que, debido al pedido de quiebra y al cierre de la empresa, a partir de hoy, 2 de octubre, no deberán presentarse a trabajar».
Algunos trabajadores no leyeron el mensaje y concurrieron a sus puestos de trabajo. Al llegar, encontraron los locales cerrados con candados y las cerraduras cambiadas durante la noche. No pudieron ingresar a retirar sus pertenencias.
«A las 3:56 de la mañana nos mandaron que no nos presentemos directamente a la empresa a trabajar. Obviamente a esa hora estoy durmiendo. Voy al trabajo como siempre y me encuentro con un candado en la puerta y sin poder ingresar. Ni pudimos sacar nuestras pertenencias», relató una trabajadora a La Nación.
Según uno de los empleados, la empresa incumplía obligaciones desde hacía meses: «No teníamos ni aportes pagos ni obra social pago desde hace 7 meses». Durante la jornada, los trabajadores recibieron la visita del sindicato de panaderos.
Una semana antes, Pandanés había cerrado dos sucursales: la de avenida San Martín, en Villa Crespo, y la de la calle Sanabria, en Villa Devoto. A esos empleados se les informó que no habían podido renovar los alquileres por el costo de los locales. Siete días después, la medida alcanzó a todos los locales.
Pandanés producía panificados artesanales en una planta de 1.700 metros cuadrados en Barracas. Contaba con 25 locales y unos 150 trabajadores entre tiendas y planta.
La empresa había entrado en concurso preventivo en noviembre del año pasado. En esa presentación judicial explicó que «la incertidumbre, la recesión, la inflación y el incremento significativo en los costos ocasionaron una caída abrupta y persistente del consumo, que supera el 50% del volumen histórico de la empresa». También informó que acumulaba cheques rechazados por unos $58 millones: «Los cheques emitidos para cumplir nuestras obligaciones superan nuestra capacidad de recaudación».
Antes del cierre, la compañía implementó medidas como recorte de costos, renegociación de alquileres, cambio de proveedores, ampliación de la oferta de productos, acuerdos impositivos y reorganización de la operación.
Fabián Castillo, presidente de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires, declaró: «Una empresa que tiene 25 locales no toma la decisión de la noche a la mañana. Es un costo enorme. Mantenía una estética y una línea que puede costar mantener».
Según la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN), las ventas de pan tradicional cayeron entre 50% y 60%, y las de facturas y productos de pastelería, un 80%. Desde la entidad afirmaron: «La gente ya no compra por kilo, sino por lo que le alcanza en el bolsillo».
