martes, octubre 20, 2026

Cuatro errores al inflar los neumáticos que pueden dañar el auto

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Especialistas indican que una presión inadecuada degrada la estabilidad, extiende la distancia de frenado y causa desgaste prematuro. Recomiendan controlar la presión al menos una vez al mes y revisar la rueda de auxilio.

Mantener la presión correcta en las ruedas del auto no es únicamente un hábito para economizar combustible y prolongar la durabilidad de la goma. Se trata, fundamentalmente, de una de las medidas de seguridad preventiva más importantes antes de salir a la calle, a la ruta o a cualquier viaje. Una presión inadecuada en el neumático degrada la estabilidad del vehículo, extiende las distancias de frenado de emergencia y causa un desgaste prematuro e irregular en la banda de rodamiento.

Si bien no existe un valor único aplicable a todos los modelos (ya que las especificaciones varían según el peso del auto, el rodado y las indicaciones fijadas por cada fabricante), existen parámetros de referencia. Para un vehículo mediano de pasajeros, la recomendación suele rondar entre las 32 y 33 libras por pulgada cuadrada (PSI). En el caso de los vehículos utilitarios deportivos (SUV), ese valor asciende habitualmente a los 34 PSI; no obstante, para dar con la información precisa de cada modelo se debe verificar el manual del auto.

A esto se le suma un control indispensable sobre la salud de la goma: la profundidad del dibujo jamás debe ser inferior a los 1,6 milímetros, un estándar establecido por diversos especialistas.

A pesar de ser una rutina sencilla, en las estaciones de servicio se repiten equivocaciones muy concretas. El primer error consiste en la falta de periodicidad. Muchos conductores aguardan a percibir la dirección pesada, a ver la rueda visiblemente baja o a encarar un viaje largo para revisar el aire. Sin embargo, un neumático pierde de forma natural entre una y dos libras de presión por mes sin que resulte evidente a simple vista. Circular con las ruedas desinfladas acelera el desgaste de los laterales y fuerza al motor a consumir más combustible. La indicación técnica es controlar la presión como mínimo una vez al mes.

El segundo fallo común es conectar la manguera de aire sin realizar una inspección visual previa. Un neumático puede marcar las libras correctas en el manómetro pero ocultar un clavo incrustado, un corte superficial en el flanco o una deformación provocada por un pozo. Ignorar estos daños estructurales expone al vehículo a una descompresión repentina o a un reventón en velocidad. Se recomienda revisar detenidamente todo el contorno de la cubierta antes de calibrar.

La tercera equivocación radica en medir la presión con los neumáticos calientes, es decir, tras haber circulado más de diez minutos. La fricción constante eleva la temperatura interna y expande el aire, entregando una lectura engañosamente alta. Si se ajusta el nivel en ese momento, la rueda quedará desinflada una vez que recupere su temperatura ambiente. Por esta razón, el chequeo siempre debe realizarse en frío.

Por último, el cuarto error combina la omisión de la rueda de auxilio con el hábito de sobreinflar las cubiertas “por las dudas”. El auxilio suele permanecer olvidado en el baúl durante años, resultando inútil ante una pinchadura. Por otro lado, existe la falsa creencia de que inflar de más ahorra combustible; aunque una rueda muy dura ofrece menor resistencia, reduce peligrosamente la superficie de contacto con el asfalto, empeora el frenado y degrada la adherencia en curvas. La rueda de repuesto debe medirse, como se mencionó previamente, siempre a la par de las demás y los valores de presión deben ajustarse estrictamente a lo indicado por el manual.

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