miércoles, octubre 21, 2026

Equipo del Conicet desarrolla un método para recuperar metales de baterías usadas de ion-litio

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Científicos del Conicet trabajan en un proyecto de reciclaje de baterías gastadas de ion-litio para recuperar aluminio, litio, níquel, cobalto y manganeso. En septiembre de 2026, el investigador Martín Negri recibió la Distinción Franco-Argentina en Innovación 2026.

Científicos del Conicet trabajan en un proyecto de reciclaje de baterías gastadas de ion-litio (LIBs) con el objetivo de recuperar componentes de alta demanda, como aluminio, litio, níquel, cobalto y manganeso, para su posterior reutilización en diferentes industrias. En septiembre de 2026, uno de los responsables del proyecto, el investigador del Conicet Martín Negri, fue reconocido con la Distinción Franco-Argentina en Innovación 2026 en la categoría Senior. Se trató de la décima edición de esta distinción, organizada por el Conicet y el Institut français d’Argentine – Embajada de Francia con el apoyo de la empresa TotalEnergies Argentina.

Además del Laboratorio de Materiales Compuestos y Energía (Lamce), que dirige Negri en el Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (Inquimae, Conicet-UBA), participan de la investigación científicos del Laboratorio de Polímeros (LP) del Centro de Investigaciones en Hidratos de Carbono (Chidecar-Conicet-UBA). Los dos grupos colaboran desde hace varios años en investigación aplicada en el campo de energía junto a empresas nacionales e internacionales.

“En un esquema de economía circular, es fundamental, una vez terminada la vida útil de las baterías, poder recuperar elementos de alta demanda, que están en condiciones de ser reutilizados en diferentes áreas, como la producción de nuevas baterías o la fabricación de semiconductores, pinturas, vidrios y de diversos elementos que se usan en el campo de la medicina”, señaló Negri.

El investigador explicó que las baterías que se emplean en automotores pueden ser de dos tipos: de ion litio (LIBs) y de níquel-metal-hidruro (NMH). Ambas contienen metales de alta demanda, principalmente litio en las LIBs y níquel en las NMH. Las baterías de NMH contienen aleaciones de las denominadas “tierras raras”, como lantano o neodimio, con potencial de aplicación en la tecnología de semiconductores.

“Las baterías de ion litio de teléfonos celulares y muchos electrodomésticos suelen presentar también cobalto, cuyo valor como materia prima es mayor que el del litio, y que tiene grandes aplicaciones en industrias como cerámicos, pintura, electrónica”, indicó el investigador del Conicet.

El proceso

Una vez gastadas, las baterías que van a ser desechadas deben someterse primero a un proceso de neutralización de su carga eléctrica para evitar explosiones al manipularlas. Luego se desarman mediante trituración y/o desensamblado y se separan los componentes internos, como electrodos y membranas, entre otros.

“A estas partes les aplicamos diferentes procesos químicos para finalmente obtener líquidos acuosos donde están disueltos los elementos como el litio, níquel, cobalto”, explicó Negri. El investigador señaló que esos líquidos son mezclas de sales disueltas de los elementos. “Por lo tanto, el siguiente paso no es solo sacarlos de ese medio, sino separarlos, o sea obtener sales individuales de cada uno, donde lo ideal es que no estén mezcladas ni contaminadas una por otra. En nuestro proyecto logramos que estas sales se incorporen en diferentes cápsulas que funcionan como ‘esponjas inteligentes’, cada una diseñada para captar una determinada sal. Estas cápsulas están hechas de polímeros que provienen de productos naturales (biopolímeros), como celulosa extraída de plantas nativas invasivas sin valor comercial, que son benignos con el medio ambiente”, agregó.

El equipo ya aplicó la metodología a nivel de laboratorio en baterías de litio de celulares. El próximo paso es pasar a baterías de automóviles, para lo cual se encuentra en conversaciones con el área de sustentabilidad de una empresa automotriz.

Negri destacó que el proyecto busca tener impacto económico, al agregar valor a materiales presentes en baterías gastadas que de otro modo se perderían; ambiental, al evitar que estas baterías junto con sus metales sean descartadas sin mayor tratamiento; y social, al proponer acciones conjuntas con recicladores urbanos, además de la transferencia de conocimientos generados por la investigación.

Fuente: Conicet.

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