La Consejera Comercial de la delegación de la Unión Europea en Argentina, Inmaculada Montero Luque, pidió “confianza” en el proceso que resta para que la justicia de Bruselas y el Parlamento europeo ratifiquen la provisoria vigencia del acuerdo con el Mercosur.
La frontera diplomática Mercosur-UE confiada en la evolución del acuerdo. La implementación provisional despejará “fantasmas” según la mirada oficial argentina. Habrá ayudas europeas para la adaptación de productores locales. El desafío de la trazabilidad, fundamentada en salud y medio ambiente, frente al temor por barreras para arancelarias.
Por su parte Agustín Tejeda, Subsecretario de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional de la Argentina, dijo que la puesta en marcha provisional del entendimiento ayuda a “despejar fantasmas” e influirá en el voto de los parlamentarios del viejo continente.
En el marco del 34° Congreso de Aapresid en Rosario, Maximiliano Díaz -un especialista en políticas públicas, gestión estratégica y socio-director de Endógena Consultora- se encargó de moderar las ponencias de los dos funcionarios sobre el acuerdo Mercosur-UE, que ofrece a productores argentinos un cliente que paga como ninguno, con exigencias que rozan las barreras para arancelarias.
Díaz explicó cómo la entrada en vigencia provisional del acuerdo el pasado 1 de mayo, generó un fenómeno inmediato: «un embarque de miel argentina agotaba la cuota libre de arancel en un trimestre», ejemplificó.
A esto se sumó que, poco después, la Unión Europea emitió una directiva que exige trazar el origen exacto de los blends de miel, terminando con los informes de origen genérico.
Para el moderador, esta combinación de ventajas arancelarias y regulaciones define la esencia del tratado: «Es un artefacto que va a estar en constante movimiento, un artefacto que no va a terminar nunca de tener una forma definitiva», advirtió.
Pero advirtió que lejos de ser un obstáculo, representa «una oportunidad para que la agroindustria argentina pueda dar un salto estructural en su calidad, en su composición y en su agregado de valor».
Asimismo, advirtió que esta tendencia hacia la trazabilidad y la sustentabilidad es global, viéndose también reflejada en las exigencias de mercados como China y los límites antimicrobianos en la lechería.
Reglas claras y sostenibilidad
La diplomática Inmaculada Montero Luque, representante de la embajada de la Unión Europea, expuso la perspectiva del bloque europeo destacando que la UE cuenta con acuerdos comerciales con 81 países del mundo.
Montero Luque explicó que la experiencia europea busca siempre «estabilidad» y «previsibilidad en nuestras relaciones comerciales».
Al referirse a la estructura del tratado, detalló que cuenta con 23 capítulos que abarcan desde propiedad intelectual hasta compras públicas.
En el plano comercial, subrayó que el 95% de todo lo que se comercia entre la Unión Europea y el Mercosur estará libre de arancel en un plazo de 10 años. No obstante, aclaró que el acuerdo va más allá de lo arancelario: incluye un pilar de cooperación con un fondo de unos 100 millones de euros para ayudar a los sectores a adaptarse a los nuevos desafíos.
Destacó que, con la implementación de este tratado, Argentina y los países del Mercosur «van a pasar de ser proveedores importantes… a ser un socio necesario», lo que define un estatus de socio privilegiado para Europa.
Respecto a las exigencias regulatorias, la funcionaria fue clara: «Los desafíos del agro en ambos lados del Atlántico no son tan distintos», argumentando que los productores europeos están bajo las mismas normas.
El capítulo de sostenibilidad ambiental fue señalado como uno de los más arduos de la negociación. Montero Luque defendió estas normativas argumentando que responden al objetivo político europeo de liderar la lucha contra el cambio climático y la deforestación.
Frente a las quejas por las exigencias técnicas, sentenció: «Estas normas sanitarias son imprescindibles para entrar en la Unión Europea. Entonces, si queremos competir y si queremos adaptarnos a unos estándares altos… tenemos que ir en esa dirección».
Además, elogió la preparación de Argentina, señalándola como el país del Mercosur que mejor «ha hecho la tarea» en términos de trazabilidad y sostenibilidad interna.
Inserción global y defensa basada en la ciencia
Agustín Tejeda calificó al tratado como «un hito, como un antes y un después en la inserción internacional de la Argentina. Es el principal acuerdo que ha firmado la Argentina después del acuerdo de Mercosur», rompiendo con décadas de aislamiento comercial.
El funcionario argentino repasó las ventajas comerciales inmediatas del capítulo de bienes, donde el 84% del comercio agroindustrial del Mercosur hacia la UE obtendrá una desgravación total a cero.
De ese porcentaje, el 70% de las exportaciones actuales entra con arancel cero de forma inmediata tras la entrada en vigor, y el resto se desgravará en un plazo de 4 a 10 años.
Productos como aceites industriales, frutas (manzanas, peras, cerezas, uvas) y determinados productos pesqueros gozan de arancel cero inmediato.
Tejeda puntualizó las mejoras en el sistema de cuotas para productos tradicionales como la carne bovina (donde el arancel de la Cuota Hilton) se reduce del 20% al 0%, así como la miel, el maíz y el arroz.
De hecho, confirmó que en este primer período provisional, el Mercosur ya certificó la totalidad de cuotas asignadas para arroz, carne y miel.
Sin embargo, el núcleo de su disertación se centró en cómo Argentina planea convivir con las exigencias verdes europeas.
Rechazo a medidas unilaterales
Tejeda remarcó que el Gobierno argentino rechaza las medidas unilaterales que actúen como restricciones encubiertas. Fijando una clara postura soberana, expresó: «Podemos compartir el objetivo en cuanto a algunas de las regulaciones… pero sí lo que no compartimos es el enfoque y los instrumentos».
Defendió que cualquier regulación ambiental o sanitaria debe estar estrictamente basada en la ciencia, ser proporcional al riesgo y respetar las capacidades de los países en desarrollo.
En este sentido, destacó dos herramientas del acuerdo para mitigar impactos negativos:
- Incentivos positivos: Un mecanismo que favorece con mayores ventajas de ingreso y rebajas arancelarias a aquellos productos que demuestren prácticas eficientes y sostenibles.
- Mecanismo de rebalanceo: Una salvaguarda en el capítulo de solución de diferencias que permite a Argentina exigir compensaciones si una medida unilateral de la Unión Europea menoscaba el equilibrio económico original del tratado.
Finalmente, Tejeda concluyó que el tratado dota a Argentina de una mesa de diálogo permanente e institucionalizada para resolver conflictos técnicos en frontera, abriendo el camino para las futuras reformas estructurales y de simplificación normativa que el agro local necesita para competir con éxito en el escenario mundial.
