Andy Green alcanzó los 653,908 km/h en el Salar de Bonneville, superando la marca previa para vehículos de combustión de hidrógeno.
El piloto británico Andy Green estableció este martes un nuevo récord mundial de velocidad en tierra para vehículos propulsados por hidrógeno, al alcanzar los 653,908 km/h en el Salar de Bonneville, en Utah, Estados Unidos. La marca fue certificada por la Fédération Internationale de l’Automobile (FIA).
Green, de 64 años y piloto retirado de la Real Fuerza Aérea británica, condujo un vehículo de 9,75 metros de largo diseñado por el fabricante británico de maquinaria de construcción JCB. El automóvil contaba con dos motores de combustión interna adaptados de la maquinaria pesada de la empresa, que funcionan con gas hidrógeno presurizado y desarrollan una potencia combinada de 1.600 caballos de fuerza.
El recorrido se realizó sobre la costra cristalina del Salar de Bonneville, una superficie plana y de baja fricción que ha sido utilizada para carreras de velocidad desde 1914. Green completó la prueba en una recta de 16 kilómetros, ante la presencia de empleados de JCB y periodistas que observaron a distancia.
“Es mágico poder mostrar esta tecnología y lo buena que es la ingeniería en la mejor superficie de carreras del mundo, el Salar de Bonneville”, declaró Green tras el recorrido.
El récord anterior en la categoría de combustión de hidrógeno era de 298,5 km/h. Green superó esa marca con su nuevo registro, aunque no se acercó al récord absoluto de velocidad en tierra, que él mismo estableció en 1997 con el vehículo de propulsión a reacción Thrust SSC, al alcanzar 1.227,985 km/h en el desierto de Black Rock, Nevada.
Green también ostenta el récord de velocidad para vehículos diésel, logrado en 2006 en el Salar de Bonneville, con 563,4 km/h. En esta ocasión, el piloto señaló que el interior del vehículo presentaba temperaturas superiores a los 50 grados centígrados, y que se preparó durante cuatro meses mediante entrenamiento físico y baños calientes.
El Salar de Bonneville se encuentra a unos 160 kilómetros de Salt Lake City y se asienta sobre un acuífero poco profundo que enfría los neumáticos. Green describió la superficie como similar a nieve compactada, lo que la hace resbaladiza y adecuada para altas velocidades.
