La zona de bulevar Pellegrini y Rivadavia concentró la oferta de bares, pubs y discotecas que marcó la vida nocturna de miles de jóvenes santafesinos durante la década pasada.
La Recoleta, en la ciudad de Santa Fe, fue un punto neurálgico del divertimento nocturno durante los años 2000. En un radio de diez cuadras, la mayoría de los pubs abrían sus puertas con propuestas similares. La oferta incluía bares, pubs y discotecas que recibían a miles de jóvenes todos los fines de semana.
Los promotores o tarjeteros cumplían un rol central en la difusión de los locales. La competencia se definía por las promociones en bebidas y la música de moda. En aquel contexto, la conexión a Internet era un servicio hogareño y los teléfonos celulares eran utilizados principalmente por empresarios. Los mensajeros de chat como MSN Messenger eran utilizados para organizar las salidas, aunque también se recurría al teléfono fijo.
La previa y los recorridos
La noche comenzaba con la previa, encuentro que podía durar horas y cambiar de lugar. Cambiar de bares en el transcurso de la madrugada era una costumbre. En cada local se reunían grupos identificados por escuela, equipo deportivo o barrio. Los horarios no tenían límites y las estadías en los pubs podían extenderse hasta tres o cuatro horas, con consumo de bebidas a menor costo.
Entre los nombres de pubs recordados se mencionan Insomnio, El Marquez, Martiniano, Triferto Jr, Open 24, Kusturica, El Rayo, El Shuk, El Sheik, Iguana y La Llave. Hacia las 3 o 4 de la madrugada, los concurrentes se trasladaban a los boliches.
Los boliches de la Recoleta
Los boliches santafesinos en la Recoleta ocuparon grandes salones y galpones en el macrocentro. Recibían a miles de jóvenes los fines de semana, con celebraciones como cumpleaños, el Día del Amigo o el Día de la Primavera. Entre los nombres recordados aparecen La Base, Las Ruinas, Kwam, Island Vip, Passage, Sub Bahiano, El Carey, Gitano y B Vip. Locales más pequeños como La Nada, Brada o Sivra también son mencionados. En temporada de verano se sumaban La Divina, Minna, Río y Yandraq.
El cierre de la noche
Al amanecer, algunos optaban por continuar la salida en algún pub que ofreciera comida y bebida. Un bar en la esquina de bulevar Pellegrini y Rivadavia permitía extender la salida hasta las 6 o 7 de la mañana. Los carribares ofrecían hamburguesas y lomitos. La costumbre se trasladó a los viajes a Bariloche, donde las empresas de turismo incorporaron una quinta comida para los jóvenes. El regreso se realizaba en taxi, remís o colectivo, o caminando.
